Tucumán se inunda sin el Niño.

Gobernador Osvaldo Jaldo, Ministro Economía Daniel Abad y Obras Publicas Marcelo Nazur, …sin palabras (Imágenes Ilustrativas I.A.)

Redacción Central de la Pluma Viral.

Tucumán no necesita el fenómeno de El Niño para inundarse. Hace años que miles de familias padecen las consecuencias de cada temporada de lluvias, mientras las soluciones estructurales siguen sin aparecer. Ahora se avecinan los meses de mayor incidencia del fenómeno climático y la preocupación crece.

¿La prioridad del Gobierno es preparar la provincia o seguir acomodando el tablero político?

Anciano saliendo por sus propios medios de las inundaciones en Lamadrid del día 11 de marzo del 2.026.

Tucumán parece condenado a repetir la misma historia.

Cada temporada de lluvias trae consigo calles convertidas en ríos, barrios anegados, viviendas inundadas, familias desesperadas y vecinos que pierden lo poco que tienen. Y todo esto ocurre incluso sin la presencia de un fenómeno extraordinario como El Niño.

Lamadrid quedo bajo el agua.

La provincia conoce demasiado bien las consecuencias de la falta de infraestructura, los desagües insuficientes, los canales que necesitan mantenimiento y la ausencia de una política sostenida de prevención hídrica. Sin embargo, año tras año, el problema vuelve a aparecer y las respuestas parecen llegar siempre después de las inundaciones.

Ahora las advertencias vuelven a encender las alarmas.

Según las previsiones de los organismos científico-técnicos, noviembre, diciembre y enero serían los meses de mayor incidencia de El Niño. Así lo advirtió Imbert, quien señaló: «Ese es el pico que los órganos científico-técnicos señalan como el momento más dramático de este fenómeno», aunque aclaró que todavía será necesario observar cómo impactará concretamente en la provincia.

El calendario climático está marcando una advertencia que no debería sorprender a nadie. Hay tiempo para prevenir, ejecutar obras, limpiar canales, reforzar desagües y preparar un operativo serio de contingencia.

Según las previsiones, su mayor incidencia podría registrarse entre noviembre y enero, aunque todavía hay incertidumbre sobre sus efectos en Tucumán.

Pero en Tucumán pareciera que la agenda política tiene otras prioridades.

Mientras miles de tucumanos necesitan respuestas frente a un problema que se repite todos los años, el ministro Marcelo Nazur aparece vinculado a las aspiraciones por una banca legislativa. La disputa por los espacios de poder parece ocupar un lugar central en una dirigencia que debería estar concentrada en resolver los problemas urgentes de la provincia.

¿En qué momento la ambición por una banca legislativa pasó a ocupar más espacio que la prevención de una catástrofe?

No se trata de una discusión partidaria. Se trata de miles de familias que cada verano temen que una tormenta vuelva a destruir sus viviendas, sus pertenencias y sus posibilidades de vivir tranquilamente.

Tucumán no necesita más discursos cuando el agua ya está dentro de las casas.

Necesita planificación, obras hidráulicas, inversión, controles y funcionarios que rindan cuentas sobre lo que hicieron y lo que todavía falta hacer.

Porque si la provincia se inunda incluso sin El Niño, la pregunta es inevitable: ¿qué puede suceder cuando llegue el período de mayor incidencia?

El Niño no es una sorpresa. Las inundaciones tampoco. Lo verdaderamente inexplicable es que Tucumán siga llegando a cada temporada de lluvias con los mismos problemas y las mismas deudas de infraestructura.

Mientras algunos miran hacia la Legislatura, miles de tucumanos miran al cielo. Y cuando llegue la tormenta, ninguna banca legislativa podrá detener el agua.