Tucumán reclama agua y cloacas mientras Caponio sale a aclarar una entrevista.

El titular de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT), Marcelo Caponio, parece vivir en una realidad paralela.

La provincia está colapsada, las calles son un río de fluidos cloacales y los vecinos ya no saben a quién rezarle. Del otro lado del mostrador, el titular de la SAT prefiere la comodidad de los estudios amigos y el show mediático, en lugar de agarrar la pala y solucionar el desastre.

Las calles de Tucumán no aguantan más. Los vecinos caminan entre olores nauseabundos, esquivando pozos ciegos que rebalsan y lagunas de materia fecal que circulan a cielo abierto por los barrios. La postal se repite de norte a sur: caños rotos que brotan como géiseres servidos, cuadras enteras inundadas de líquidos cloacales y familias enteras que viven en condiciones insalubres.

Las calles de Tucumán no aguantan más. Los vecinos caminan entre olores nauseabundos, esquivando pozos ciegos que rebalsan y lagunas de materia fecal que circulan a cielo abierto por los barrios,

Como si fuera poco, el agua potable es un lujo que muchos ya olvidan: un video desesperante desde Ohuanta dejó en evidencia la crudeza de la realidad: no tienen una sola gota de agua desde el jueves pasado.

Todo el territorio tucumano sufre la pésima prestación de los servicios sanitarios.

Sin embargo, ante semejante emergencia humanitaria y sanitaria, el titular de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT), Marcelo Caponio, parece vivir en una realidad paralela.

En lugar de ponerse a laburar para dar respuestas urgentes a los contribuyentes que pagan sus boletas, el funcionario prefiere gastar las horas hábiles en otra cosa.

¿Su prioridad? Dar entrevistas por medios afines al Ejecutivo provincial, esos que se alimentan generosamente con recursos del Estado y pauta oficial para maquillar la ineptitud de la gestión.

Mientras los vecinos se ahogan en la mugre y reclaman con bronca contenida que alguien dé la cara, la máxima autoridad de la empresa encargada del agua y las cloacas prefiere la comodidad del micrófono oficialista antes que pisar el barro de la calle.

La bronca social ya no se disimula. Los tucumanos están cansados de que los tomen por tontos, de ver cómo los servicios básicos colapsan ante la primera lluvia o el menor imprevisto, y de financiar con impuestos el circo mediático de funcionarios que cobran suculentos sueldos para mirar para otro lado.

 ¿Hasta cuándo los vecinos van a tener que pagar con su salud y su calidad de vida la falta de gestión y el desinterés de quienes llegaron para solucionar los problemas y terminaron convirtiéndose en parte de ellos?