Q.E.P.D. el peronismo libertario.

Martín Álvarez y Adrian humoller.

Redacción Central de La Pluma Viral.

El costo político de las votaciones del Bloque Independencia en el Congreso comienza a golpear al peronismo tucumano. En San Miguel de Tucumán, la escasa convocatoria de la Junta Departamental Capital enciende las alarmas y expone una crisis que ya no se puede disimular detrás de los discursos partidarios.

¿Está agonizando el peronismo libertario?

La pregunta ya no parece una provocación, sino un interrogante incómodo para una dirigencia que observa cómo se diluye su capacidad de convocatoria y cómo crece el malestar frente a decisiones políticas que contradicen las banderas históricas del movimiento.

La Junta Departamental Capital parece absorber el impacto de las votaciones del Bloque Independencia en el Congreso de la Nación.

El alineamiento de los diputados con determinadas iniciativas del Gobierno nacional tiene consecuencias políticas que, según se refleja en la actividad partidaria, comienzan a sentirse en las bases y en las calles.

El gobernador de Tucumán Osvaldo Jaldo, junto a integrantes de la comisión de la junta departamental.

El dato que enciende todas las alarmas es la escasa participación en las actividades del Partido Justicialista. Ni siquiera una fecha cargada de simbolismo, como el natalicio del general Juan Domingo Perón, habría logrado reunir a más de 20 (veinte) personas en la sede partidaria.

Dario Monteros junto a integrantes de la comisión de la junta departamental en los pasillos de Casa de Gobierno de Tucumán.

¿Cómo puede un partido que se reivindica como la expresión política de las mayorías populares tener semejante dificultad para convocar a su propia militancia?

La junta departamental capital anticipa un giro ideológico en los municipios que son oriundos los diputados y el vacío político no solo llega al partido también se nota en el territorio.

La imagen es políticamente devastadora.

El peronismo, históricamente caracterizado por su capacidad de movilización, organización territorial y presencia en los barrios, enfrenta el riesgo de convertirse en una estructura de dirigentes sin militantes y de cargos sin representación real.

Gladys Medina ya directamente juraba con los libertarios.

El costo de votar con Milei

Las decisiones del Bloque Independencia en el Congreso abren una grieta cada vez más difícil de ocultar entre el discurso peronista y las posiciones que adoptan sus representantes nacionales.

Para una parte de la militancia, la contradicción es evidente: mientras el peronismo reivindica la justicia social, la defensa del trabajo y los derechos de los sectores populares, sus representantes quedan expuestos al cuestionamiento por sus votos y por la relación política que mantienen con el Gobierno de Javier Milei.

El problema no es solamente parlamentario. Es territorial, identitario y electoral.

Cuando las decisiones de los representantes se alejan de las expectativas de sus bases, la consecuencia puede traducirse en desmovilización, pérdida de confianza y debilitamiento de la estructura partidaria. Y cuando la militancia deja de sentirse representada, ningún acto institucional alcanza para disimular la crisis.

San Miguel de Tucumán representa mucho más que un distrito electoral.

Es un territorio estratégico para cualquier proyecto político provincial y un escenario decisivo para medir la capacidad de organización del peronismo.

La escasa convocatoria partidaria no determina por sí sola el resultado de una futura elección. Sin embargo, constituye una señal de alerta para una dirigencia que necesita recuperar credibilidad, reconstruir vínculos y explicar sus decisiones ante una militancia que históricamente se identificó con otras banderas.

El interrogante también alcanza a los municipios de origen de los diputados del Bloque Independencia. Si el costo político de sus votaciones comienza a sentirse en la Capital, el desafío será determinar hasta qué punto ese malestar puede trasladarse a sus propios territorios y modificar el escenario electoral.

Porque el vacío político no se mide únicamente por la cantidad de personas que asisten a un acto. También se percibe cuando los dirigentes pierden capacidad de escuchar, cuando los militantes dejan de participar y cuando las consignas históricas ya no encuentran eco entre quienes antes las defendían.

El peronismo tucumano necesita responder una pregunta que incomoda a su propia dirigencia: ¿puede seguir reivindicando la identidad justicialista mientras sus representantes nacionales adoptan posiciones que buena parte de su militancia considera incompatibles con esa tradición?

La Junta Departamental Capital tiene por delante algo más complejo que organizar reuniones o conmemorar fechas históricas. Debe demostrar si conserva capacidad de conducción, si todavía puede movilizar a sus bases y si tiene un proyecto político capaz de volver a conectar con los vecinos.

De lo contrario, el riesgo es evidente: que el Partido Justicialista conserve sus estructuras formales, pero pierda aquello que históricamente le dio poder: la militancia, la identificación popular y la capacidad de representar una mayoría social.

En política, las urnas pasan factura, pero el abandono de la militancia suele ser una de las primeras señales de que algo se está rompiendo.

Y mientras la dirigencia discute estrategias y acomoda sus alianzas, una pregunta queda flotando en el aire de la Capital tucumana:

¿Está naciendo un nuevo peronismo o estamos asistiendo al funeral de un movimiento que ya no reconoce sus propias banderas?