
La erradicación de los emblemáticos pinos en el predio del Shopping Viejo expone la complicidad del municipio con la especulación comercial. Entre cartas abiertas e indignación pública, la «Ciudad Jardín» pierde de un hachazo el patrimonio verde que le daba identidad.
La erradicación de una arboleda de pinos con más de seis décadas de antigüedad en el histórico predio del Shopping Viejo (Avenida Aconquija al 1799) encendió la indignación colectiva de los vecinos y dejó al descubierto la verdadera escala de prioridades de la gestión del intendente Pablo Macchiarola: una sumisión absoluta ante las exigencias del negocio privado a costa del patrimonio ambiental colectivo.
Vecinos denunciaron que ejemplares históricos que cobijaron a varias generaciones de yerbabuenenses fueron talados sin piedad para dar lugar a reformas comerciales. Pero el dato más grave y perturbador de la denuncia no reside solo en la destrucción física del paisaje, sino en el rol activo del propio Estado municipal: según los testimonios, los trabajos de remoción se ejecutaron utilizando mano de obra de la propia Municipalidad de Yerba Buena, con asistencia de personal de la empresa de energía EDET y custodia de la Policía.
La excepción permanente como modelo de gobierno
El episodio ocurrido excede el marco de una simple reforma estética. Es el reflejo en miniatura de un modelo urbano en el que los controles ambientales, los informes técnicos de factibilidad y el tan anunciado Código de Planeamiento Urbano pierden toda vigencia al enfrentarse a una inversión inmobiliaria.
Desde el despacho de Pablo Macchiarola, el silencio oficial resulta ensordecedor. Hasta el momento, el Ejecutivo no ha presentado los informes técnicos que justifiquen el estado sanitario de los ejemplares ni ha explicitado qué norma administrativa fundamentó semejante autorización de extracción.
Tampoco se ha informado sobre un plan de remediación o compensación forestal con la escala, especies y madurez necesarias para reparar semejante pasivo ambiental.La pregunta retórica de los vecinos resume el malestar social: ¿De qué sirven los discursos sobre la «Ciudad Jardín» y las promesas de ordenamiento territorial si ante el primer proyecto comercial el municipio otorga excepciones que arrasan con el ecosistema?
Del verde protector a la mancha de cemento
La tala de estos pinos de más de 60 años desnuda una alarmante falta de sensibilidad ambiental en la conducción política de la ciudad. Un árbol maduro no es un simple elemento decorativo que pueda sustituirse de la noche a la mañana; es infraestructura ecológica que absorbe excedentes hídricos, amortigua la temperatura, filtra la contaminación y preserva la microfauna local.
Mientras la gestión municipal promueve y autoriza la transformación de cada m² de suelo absorbiendo en superficies de hormigón y estacionamientos, Yerba Buena muta progresivamente hacia un centro urbano gris, con mayor riesgo hídrico, escasez de sombra y pérdida acelerada de la escala humana que motivó a miles de familias a elegirla como hogar. ¿Hasta cuándo el patrimonio de todos al servicio de unos pocos?
La gestión de Pablo Macchiarola se encamina a ser recordada como el periodo de la rendición verde. La pasividad o complicidad con la que el municipio cede áreas arboladas y flexibiliza normativas a pedido de desarrolladores privados confirma que la planificación brilla por su ausencia.
Lo ocurrido en Aconquija al 1799 es irreversible; el daño está hecho y los pinos históricos no volverán. Sin embargo, la reacción ciudadana impone una frontera clara: la comunidad exige que el intendente rinda cuentas, exhiba las autorizaciones correspondientes y detenga inmediatamente un avance del cemento que amenaza con liquidar de forma definitiva lo último que le queda a la Ciudad Jardín.



