Falsa “Ficha Limpia”. Impunidad recargada.

Ficha Sucia: El gran blindaje tucumano para que los delincuentes de guante blanco sigan desfilando por las urnas. En la foto un “triunvirato”: Miguel Acevedo (Poder Legislativo) , Osvaldo Jaldo(Poder Ejecutivo) y Daniel Leiva (Poder Judicial).

Por Redacción Central de La Pluma Viral.

Nos vendieron espejitos de colores. Salieron los muchachos con bombos y platillos, sacando pecho en los palcos, haciéndole creer a la gilada que Tucumán se convertía en el faro de la moralidad institucional. Prometían la famosa ley de «Ficha Limpia». Pero claro, del dicho al hecho hay un trecho, y en la legislatura provincial son expertos en redactar leyes con trampas de feria. Lo que aprobaron y firmaron con bombo y platillo no es ficha limpia: es un certificado de impunidad con anestesia.

El simbolismo de la primera línea: Al frente de la escena, agachado y ocupando el centro de la atención como un maestro de ceremonias de cabotaje, se erige la figura de Gerónimo Vargas Aignasse. Su postura, más propia de una humorada que de la solemnidad que el espacio público exige, desnuda el desparpajo con el que se naturaliza la degradación de la política institucional de Tucumán.

Porque el texto de la Ley Provincial Nº 9.977 es una tomada de pelo monumental a cielo abierto. Te arman un listado larguísimo de delitos que prohíben ser candidato —desde cohecho, enriquecimiento ilícito y fraude hasta estupefacientes y trata—, pero te ponen la letra chica, el salvavidas de plomo, el comodín perfecto para que los muchachos sigan haciendo de las suyas.

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¿Cuál es la trampa? Te exigen que la condena esté «confirmada en instancia revisora».

Traducido al cristiano y sin rodeos de biblioteca: un tipo puede estar sentado en el banquillo, un tribunal oral lo puede encontrar culpable de robarle a dos manos a la administración pública, le pueden dar años de cárcel, pero si la Cámara todavía no firmó el papelerío, el tipo es libre como un pajarito para postularse, hacer campaña, ganar una banca y jurar sobre la Constitución.

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Es una burla al sentido común.

Vivimos en una provincia donde la Justicia es más lenta que tortuga renga. Una causa penal en Tucumán puede dormir el sueño de los justos durante años en los cajones de los tribunales entre recursos, recusaciones, chicanas y demoras calculadas al milímetro.

¿Y qué pasa mientras tanto?

El imputado, el condenado en primera instancia, camina risueño por la calle, se cuelga el cartel de «perseguido político», arma listas y te gobierna.

La ley dice que una vez que la Cámara revisa, ahí recién se les corta el recreo. ¿Pero cuántas elecciones pasan hasta que eso ocurra? ¿Cuántos fueros se alcanzan a comprar con el botín antes de que el expediente avance? Es un sistema perfecto diseñado por los propios inquilinos del poder para blindarse a sí mismos. Te crean un Registro Público de Ficha Limpia que parece más un monumento a la hipocresía que un órgano de control.
Mientras tanto, a cualquier gaucho o vecino de Tucumán les piden antecedentes hasta para limpiar una vereda. Pero al político corrupto, al que vació el Estado, al que usó la función pública para llenarse los bolsillos, le regalan una avenida procesal de impunidad temporal.

No nos mientan más en la cara.

Esto no es Ficha Limpia; es Ficha Sucia, lavada con lavandina barata para que los ciudadanos sigan votando a ciegas a los mismos bandidos de siempre.