Tucumán vuelve a quedar expuesta por una postal que debería avergonzar a cualquier funcionario responsable de los servicios públicos: calles anegadas por pérdidas de líquidos cloacales, viviendas sin agua potable, reparaciones inconclusas y vecinos obligados a convivir con pozos, olores nauseabundos y el riesgo sanitario.
Las denuncias de los vecinos se multiplican.
Hay pérdidas de agua potable que permanecen durante días, mientras en otros sectores las familias aseguran quedarse sin suministro. Una contradicción brutal: agua desperdiciándose en las calles y hogares tucumanos sin agua para consumir, cocinar o higienizarse.
Pero el problema no termina allí.
Las reparaciones realizadas por la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) aparecen, según los vecinos, abandonadas o sin terminaciones adecuadas. Zanjas, pozos y sectores peligrosos quedan expuestos, convirtiendo calles y veredas en verdaderas trampas para peatones y automovilistas.
Y cuando la indignación parecía haber llegado al límite, apareció un detalle que para los vecinos resulta directamente ofensivo.
En uno de los lugares donde quedó un peligroso pozo abierto después de una intervención cloacal, la SAT colocó un cartel vial con una frase que parece escrita desde otro planeta: “Estamos trabajando para un mejor servicio”.

Hasta ahí podría tratarse de un simple mensaje institucional. El problema es que el cartel lleva, en letras destacadas, los nombres del gobernador Osvaldo Jaldo y del presidente de la SAT, Marcelo Caponio.
Para quienes viven diariamente entre pérdidas, aguas servidas, calles deterioradas y cortes de agua, la escena tiene sabor a provocación.
Porque mientras el cartel promete “un mejor servicio”, la realidad parece gritar exactamente lo contrario.
¿De qué mejor servicio hablan los funcionarios cuando una reparación termina con un pozo abierto? ¿De qué eficiencia hablan cuando se pierde agua potable mientras hay familias sin suministro? ¿Y qué explicación tienen para los líquidos cloacales que terminan en la vía pública?
El problema ya no puede maquillarse con cartelería.
Tucumán necesita obras terminadas, mantenimiento permanente y respuestas concretas. Los vecinos no necesitan que les recuerden quién gobierna ni quién conduce la empresa estatal: necesitan abrir la canilla y que salga agua. Necesitan caminar por calles seguras. Necesitan cloacas que funcionen.
La bronca crece porque el cartel promete futuro mientras el presente está lleno de pozos, pérdidas y abandono.
La pregunta que queda flotando entre los líquidos cloacales es sencilla pero incómoda: ¿cuánto tiempo más deberán soportar los tucumanos que la propaganda institucional intente tapar con un cartel lo que la realidad muestra todos los días?
Porque cuando una calle se inunda de líquidos cloacales, una familia se queda sin agua y una obra queda a medio terminar, el problema no es el cartel: el problema es el servicio que el cartel intenta defender.




