
Por Redacción Central La Pluma Viral
Miren esta foto. Ella es la Intendenta Raquel Graneros. Está presa, sí, pero no como usted se imagina. No comparte celda con la humedad, ni come el guiso frío del penal. Está tras unas rejas, pero son de oro. Catorce quilates, macizas. Un diseño exclusivo de un arquitecto que cotiza en dólares. Es un sector VIP blindado solo para los políticos.
Raquel Graneros habría lavado millones y lo demostró con la compra de una casa en el Country de las Yungas que aún no puede explicar como pago cash y tampoco al fiscal Hevia le interesa saber.
¿Centrifugó la plata de la obra pública en secarropas importados? y tendrá empresas fantasmas de las islas Seychelles?.
¿La justicia la atrapó?
Mejor dicho, la Tapo, hizo el simulacro de investigar solo para la foto de los diarios.

¿Y saben qué es lo más obsceno?
Que mientras en el pueblo de Graneros el más pobre de la provincia y en todo Tucumán se debate si el pan aumenta un diez por ciento, y cuánto cuesta la boleta de luz, ella “arregla” cuántos millones le va a costar el «vuelto» de su impunidad. En esta provincia, la libertad no es un derecho constitucional; para gente como Raquelita es un bien de consumo $. Le sonríe al juez y se va a tomar un espumante al Caribe o a las Yungas.
La justicia en Tucumán no es ciega, usa anteojos negros para no ver de dónde viene la plata.



