
Usted enciende la televisión y escucha discursos sobre seguridad, orden y supuestas modernizaciones. Pero la realidad en las calles de Tucumán huele a robo, hurto, violación, transgresión institucional y, sobre todo, a caja negra. Lo que pasa puertas adentro de la fuerza policial supera cualquier ficción.

El gobernador Osvaldo Jaldo se habría enterado de los apetecibles $60.000 de contribución mensual y obligatoria que le extraen del bolsillo a cada uno de los efectivos de la fuerza provincial para entregar al Jefe Girveau Olleta. La furia en los despachos principales de la Casa de Gobierno es monumental; hay un clima de total indignación con el jefe de policía, Joaquín Girveau Olleta, al punto tal que los pasillos oficiales ya vibran con insistentes rumores de reemplazo inminente.

El gran negocio de la «contribución» y los privilegios de familia
¿Cómo se sostiene la estructura operativa de un jefe policial que parece más ocupado en su carrera electoral que en el patrullero que no arranca por falta de cubierta?
Sencillo: con el esfuerzo del agente de escalafón más bajo, del suboficial que hace adicionales bajo el rayo del sol y del oficial que ve cómo mes a mes le amputan el salario que incluso anda en su bicicleta.
Los 60 mil pesos que recudan por cabeza de cada efectivo no van a la mejora de las seccionales ni a chalecos antibalas nuevos. Tienen destinos mucho más oscuros y electorales. Y mientras el subordinado hace malabares para llegar a fin de mes, el comisario general Joaquín Girveau Olleta parece disfrutar de las mieles del poder con absoluta impunidad.

Servicio exclusivo familiar. Todas las semanas la Patrona y los pequeños al Sheraton.
Al menos una vez a la semana, Girveau Olleta disfruta de servicios gastronómicos de primer nivel en familia en un hotel lujosos de en frente al parque 9 de Julio.
¿El secreto?
La policía cuenta con un convenio corporativo que, misteriosamente, solo parece beneficiar de manera exclusiva al jefe y su círculo íntimo, mientras el resto de la tropa come sándwiches fríos en una guardia abandonada, pero por si no le alcanza, para eso están los $60.000 de aportes mensuales.
Violencia institucional, Simoca y el fantasma de Benjamín Paz
Pero el saqueo al bolsillo del policía es solo la superficie de un polvorín que amenaza con explotar en los tribunales. La provincia arrastra una escalada de violencia institucional en las comisarías que ya encendió todas las alarmas internacionales y de organizaciones de derechos humanos. Un reciente y lapidario informe de tortura señala sin anestesia que la policía de Tucumán posee los peores verdugos del país.
Casos aberrantes como el registrado en Simoca ya configuran crímenes de lesa humanidad y violaciones graves a los derechos humanos que, en un futuro cercano, obligarán inexorablemente al jefe Girveau a enfrentar procesos judiciales implacables. Y es allí donde se comprende la desesperación.

Frente a este horizonte judicial, los policías rasos y oficiales honestos —hartos de ser utilizados como chequera y carne de cañón— están en avanzadas conversaciones para formular denuncias penales formales. El objetivo central de Girveau es claro: pretende erigirse como candidato a Intendente de Bella Vista en una desesperada búsqueda de fueros políticos.

“Buscan la intendencia y una banca legislativa como salvavidas de plomo. Saben que, sin fueros, las causas por apremios ilegales, corrupción y enriquecimiento los dejarán directamente alojados en la tan amada Benjamín Paz que supieron conseguir los políticos de nuestra triste historia.”

¿Se le acabó la tregua al comisario? Jaldo esta enojado
El gobernador Jaldo tiene sobre su escritorio las pruebas de este descontrol. La imagen de una policía convertida en la caja recaudadora para proyectos políticos personales es insostenible. La sociedad tucumana ya no compra espejitos de colores ni discursos de barricada mientras el delito arrasa los barrios.
La cuenta regresiva ha comenzado. Queda por ver si el poder político se anima a cortar de raíz esta estructura feudal o si seguirá permitiendo que el uniforme azul se use como disfraz de campaña. Lo cierto es que los 60.000 mil pesos del sueldo de cada policía tucumano, todos los meses tiene dueño.



