

Bienvenidos a Tucumán. Si usted cree que el Código Penal es una herramienta para castigar el delito, es un tierno. Acá, la ley es un libro de sugerencias, y la justicia es un velorio donde los invitados siempre son los mismos, los de la foto, los que mandan.
Si usted esperaba orden, mejor siéntese, porque esto no es un Estado de Derecho: es una puesta en escena para que los poderosos duerman tranquilos.

Las manos negras de Edmundo Jiménez, y por detrás cuadros con manos… mucho manoseo fiscal en Tucumán.
¿Se acuerdan del sándwich de jamón y queso del Juez Galeano?
Refiere a un famoso episodio judicial, donde el ex juez federal Juan José Galeano le inició una causa penal a un detenido hambriento, tras enterarse de que este último se había comido el sándwich de jamón y queso de un empleado judicial. Quien debía investigar la causa AMIA, se distraía persiguiendo al ladrón de pan francés. Hoy la frase se emplea como una metáfora que explica cómo el poder usa la distracción para no profundizar en la mugre que hay debajo de las alfombras. Bueno, en Tucumán no solo lo entienden; lo perfeccionaron. Acá, la justicia no busca la verdad, busca el «extravío».

El caso Trapani: El robo a la luz del día.
Hablemos del caso Trapani, para que se entienda la impunidad: se robaron las pruebas. No fue un descuido, no fue un error de sistema: se robaron las pruebas y se lo advirtió en todas las instancias, es más, ello consta en el propio fallo de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán, firmada por Daniel Leiva, Antonio Estofan y Daniel Posse.
Y lo más insólito, lo que debería hacernos gritar a todos, es que después de semejante escándalo, no hay ni un solo responsable preso o un pedido de juicio político.
Ni un administrativo, ni un fiscal, ni un secretario. Nada. El expediente está vacío, pero los cargos siguen llenos de gente que mira para otro lado.

El inocente e inadvertido abogado Carlos Garmendia. Abogado “ad honorem”, pero familiar del “monje negro” de tribunales, Andrés Garmendia, relator de la Corte Suprema de Justicia. Si, el que muy probablemente haya redactado el fallo Trapani.
Y en el medio de este mamarracho, aparece Carlos Garmendia, el abogado de la querella. El hombre se hace el sorprendido, pone cara de «yo no sabía» y pega el grito en el cielo por la pérdida de la evidencia.
¿En serio, Garmendia?
Usted vive en este ecosistema. Es muy conveniente ser el defensor” ad honorem” de la moralidad afuera, cuando adentro de su propio clan la cosa huele a podrido y a mucha tarasca.

El Clan y el «Monje Negro». En esta foto obtenida de registros de la legislatura de Tucumán, representando a las máximas autoridades. Aquí se ve a Andrés Garmendia, el relator favorito, el líder, el que tiene las claves del SIFCOP. El familiar Garmendia. Atrás, otros relatores… los de su mayor confianza. Fundador de ANDHES…
Mientras ustedes señores lectores esperan años por una sentencia, en los pasillos de tribunales la cosa funciona como una empresa familiar. Tenemos el caso de Guillermo Garmendia, director de la OGA, denunciado por su propia hija por abuso sexual.
¿Sigue en su puesto?
Por supuesto. La red de contención familiar funciona mejor que cualquier blindaje judicial. Su hermano, Andrés Garmendia, relator de Daniel Leiva en la Corte, es el «monje negro”, -viaja por el mundo enviado para representar a la Corte Suprema de Tucumán con la plata de los tucumanos-, permite que el denunciado siga sentado en despachos que deberían estar juzgándolo. Y las feministas, cric cric.

Feminismo de autorrepresentación: El despliegue escénico de Soledad Deza en una pieza autorreferencial, diseñada como un ejercicio de autocelebración y reafirmación de su propia imagen. En la escena de la película se ve inclusive junto a otras funcionarias judiciales que forman parte del “feminismo de Elite”. También, muchas feministas vinculadas a ANDHES.
Y acá volvemos a la hipocresía: la «perspectiva de género» se saca a pasear cuando conviene, pero se archiva cuando el denunciado tiene la billetera o el poder suficiente.
¿Dónde están las feministas? ¿Dónde estaban cuando todo este entramado de complicidades se cocinaba?

Paulina, La Mujer del Carro, las diez vecinas de Graneros imputadas por pedir ayuda, Antonella Álvarez (los errores de una investigación ya condenan la causa a impunidad asegurada) y la Diputada Nacional Soledad Molinuevo sometida a bozal legal por el propio Gobernador Osvaldo jaldo. Etc., etc., las feministas…dónde están?
Se nota demasiado que hay causas que no entran en la agenda de la conveniencia política de las “feministas”. En Tucumán, donde las instituciones ya sufren de una endogamia crónica, el desembarco de esta estructura en el Poder Judicial podría no ser el avance que las mujeres esperan, sino la consolidación de una nueva casta que usa el activismo como credencial de acceso al presupuesto estatal.
Además, resulta imposible ignorar que Garmendia fue testigo directo de la colocación de la tobillera electrónica al Dr. Gustavo Morales, aun sin haber sido condenado. Señor lector, queda a su criterio imaginar quiénes tuvieron acceso a esas fotos. Se podrá decir que fue un trabajo ‘ad honorem’, pero en política, nada es gratis.

Carlos Garmendia al lado del Dr. Morales, con evidentes vicios del consentimiento, -posibles amenazas y temores infundados, típico de quien estaba alienado bajo aislado extremo en grado de tortura-. Fue asesorado para reconocer delitos que se le imputaban y que no existen en el Código penal, tal como lo sentencio la Cámara Federal de Tucumán del Poder Judicial de la Nación, en fecha 11/11/2025 Expte Nro. 1813 /2025.
Por otro lado, ¿Cómo es posible que un comunicador como es el Dr. Gustavo Morales, -inocente-, esté sufriendo una pena de tortura psicológica en Tucumán, ya que se le impide hablar, tanto en redes sociales como ante la prensa? Sus abogados, Diego Hernán Piedrabuena y Carlos Garmendia, son hoy las únicas voces autorizadas; por lo tanto, la sociedad tucumana aguarda una explicación urgente sobre el silencio forzado al que está siendo sometido su defendido bajo su supervisión.
¿Y los derechos humanos?
Al parecer, estos abogados, desde su época estudiantil, decidieron omitir las lecciones fundamentales del Derecho Constitucional.

La maquinaria de la impunidad y el caso Trapani. Muy felices los Vocales de la Corte de Justicia Daniel Posse, Daniel Leiva, Ricardo Lorenzetti y -un cadavérico- Antonio Estofan. La Vida en Bella, solo para esta casta a quien siempre parece sonreír.
Este 7 de julio de 2026, la Corte Suprema —con las firmas de Estofan, Posse y Leiva— nos dio una clase magistral de cómo liquidar sentencias de 10 y 8 años de un plumazo. La excusa fue el «beneficio de la duda», avalado por el dictamen de Edmundo Jiménez, ese ministro público fiscal que tiene una velocidad supersónica para absolver poderosos, pero una paciencia infinita para dejar cajoneadas las causas de los sectores más vulnerables.

Consulta pública en la Página oficial, arroja que Agustina Gordillo imputada en el femicidio de Antonella Álvarez, sigue siendo funcionaria del Poder Judicial de Tucumán.
Es una estructura de intereses cruzados. Hablamos de redes que vinculan funcionarios con personajes oscuros, como las sospechas sobre la funcionaria judicial compañera de trabajo de Andrés Garmendia, imputada y presa Justina Gordillo por su supuesto vinculo en el caso del femicidio de Antonella Álvarez. ¡Ah cierto! El familiar de Garmendia, Carlos Garmendia es el Abogado de la familia de Álvarez.
En Tucumán, el Estado es un botín, desde el clan Garmendia, hasta la impunidad garantizada que rodeó casos como el de Paola Tacacho, la constante es la misma: el abuso es un delito que acá se prefiere enterrar bien profundo bajo toneladas de expedientes, o, mejor dicho, bajo la ausencia de ellos, porque acá, como en el caso Trapani, hasta las pruebas se encargan de hacer desaparecer.

Hoy salieron las feministas. ¿A defender a la víctima de Trapani, la joven C.M.? Cuando se les consultaba porque estaban allí dijeron: para apoyar al abogado.
Imaginemos el Recurso Extraordinario que se elevará contra el fallo de la Corte Suprema de Tucumán en el caso Trapani, esperemos que no tenga errores.
Lo que hoy vemos en Tucumán es una cortina de humo administrativa. Nos venden el sándwich de la burocracia, pero detrás del mostrador, los verdugos y las víctimas son parte del mismo elenco en una obra donde el final ya está escrito: la impunidad.



