Joaquín Girveau Olleta: Cuando la jefatura se vuelve trampolín electoral.

¿Policía de fiesta o comando de campaña del jefe de Policía Joaquín Girveau Olleta buscando fueros? Mientras el delito no da tregua, los jefes policiales y autoridades de seguridad provincial se muestran de fiesta y haciendo política con fondos de todos. Foto: Acompañaron a Osvaldo Jaldo, gobernador de Tucumán: el ministro de Seguridad, Eugenio Agüero Gamboa; el jefe de la Policía, Alfredo Girvau Olleta, y el subjefe, Roque Yñigo. (Foto Gentileza de Secretaria de Estado de Comunicación Publica de Tucumán)

¿Usted se siente seguro en Tucumán? ¿Duerme tranquilo con la puerta abierta? Bueno, el viernes 26 de junio, a eso del mediodía, si usted tuvo la desgracia de sufrir una entradera, un arrebato o una situación de inseguridad, quizás llamó al 911 y se encontró con un silencio sepulcral.

¿Por qué?

Porque el grueso de la fuerza policial no estaba patrullando las calles. Estaban ocupados en una tarea mucho más importante, más “necesaria” para el futuro de la provincia: el brindis VIP por el Día del Padre.

La puesta en escena fue en el complejo deportivo de ATSA, el gremio de la salud. Sí, el de René Ramírez. Porque, al parecer, para festejar, el Jefe de los hombres de azul necesita el aval del sindicalismo amigo.

Fue un despliegue digno de una película de gángsters, pero con gente que debería estar cuidándonos. 1.500 efectivos, 30 ollas de locro y un clima de fiesta que, a juzgar por las fotos, poco tenía que ver con la dura realidad de las comisarías tucumanas.

Osvaldo Jaldo dando discurso político. (Foto Gentileza de Secretaria de Estado de Comunicación Publica de Tucumán).

La frutilla del postre no fue el vino Trumpeter —de bodega Rittini, para que no digan que los muchachos no tienen buen gusto—, sino quién puso el billete. ¿Adivinen? Sí, Osvaldo Jaldo. Con la plata de sus impuestos, querido lector. La plata que usted paga para que haya patrulleros en condiciones y personal policial en la calle, terminó pagando el catering, la música y los regalos de una fiesta que, más que un agasajo, pareció el lanzamiento oficial de una campaña electoral de Girveau Olleta Intendente de Bella Vista.

El policía Ataliva Paz, saludando a Osvaldo Jaldo.

Porque no nos hagamos los distraídos. El protagonista de esta postal, el jefe de Policía Joaquín Girvau Olleta, no está ahí por casualidad. Cada plato de locro, cada copa de vino y cada discurso cargado de lealtad política tiene un objetivo: Bella Vista. Girvau quiere la intendencia, y qué mejor forma de mostrar su “músculo” político que concentrar a la tropa en un salón de fiestas, pagado por el poder provincial, para decir: “Miren qué fuerza tengo”. Es la vieja receta de siempre: el uso del aparato estatal para fines personales, disfrazado de camaradería institucional.

Policías miran sonrientes, por un día, hay que olvidar lo de las 60 “lucas”

Hay algo más oscuro, algo que roza la extorsión en el seno de la fuerza. Mientras desde arriba se muestran generosos con los eventos fastuosos, nos llega información de que, a los policías, desde los oficiales recién egresados hasta los comisarios, les estarían “pidiendo un aporte voluntario” —o exigiendo— $ 60.000 pesos de sus bolsillos cada vez que cobran el sueldo. ¿Un aporte a la institución o al Jefe? Llamémoslo como es: una caja paralela que ya sabemos a dónde va, y que parece aceitar la maquinaria de esta estructura política que hoy tiene como cara visible al comisario.

Preparándose para el cargo el Jefe de Policía Joaquín Girveau Olleta es alumno de una universidad privada. Sera que sus estudios también los pagamos todos los tucumanos?.

Jaldo pone el escenario, Girvau pone la fuerza, y el bolsillo de los tucumanos pone el dinero. Mientras tanto, la inseguridad sigue siendo la materia pendiente. Pero claro, ¿quién se va a preocupar por el delito cuando hay un locro de 1.500 personas que organizar y una campaña que financiar? Es evidente la desesperación de Girveau por tener fueros.

Señor Gobernador, señor Jefe de Policía: el país no es una estancia, la policía no es su comité de campaña y la plata de los contribuyentes no es para financiar sus ambiciones personales. Si tanto quieren ser intendentes, renuncien, salgan a la calle, compren sus propios chorizos y hagan campaña con su plata. Pero, por favor, dejen de jugar con la seguridad de la gente.

Estamos cansados de los mismos de siempre. Y, lamentablemente, en Tucumán, parece que la policía no está para cuidarnos, sino para aplaudirle el discurso al futuro candidato a Intendente de Bella Vista. Una vergüenza nacional.