
Cinco meses después de las inundaciones que golpearon a Niogasta, la emergencia parece no haber terminado.
Calles destruidas, viviendas agrietadas, escuelas sin actividad presencial y un centro de salud prácticamente abandonado son parte del escenario que hoy enfrentan los vecinos de esta localidad del interior de Tucumán, donde el temor por la llegada de un nuevo verano crece día a día.
«Tenemos que abandonar Niogasta, no podemos seguir viviendo así», resume el sentimiento de muchas familias que todavía padecen las consecuencias del desborde del río. La falta de obras hídricas y la ausencia de soluciones definitivas mantienen en alerta a una comunidad que asegura sentirse olvidada. Un pueblo aislado y servicios que dejaron de funcionar.
El equipo de Entre Caníbales recorrió la localidad y mostró la realidad de un pueblo que, desde la inundación del 25 de enero, continúa con serios problemas de accesibilidad. El Centro Integrador Comunitario, que debería brindar atención médica y asistencia social, permanece cerrado y sin actividad regular.
Según los testimonios de los vecinos, la última vez que una enfermera visitó el lugar fue en abril. Hoy, el edificio funciona más como un refugio improvisado para algunas personas que todavía no pudieron regresar a sus hogares que como un centro de atención sanitaria.
Más de 70 chicos siguen sin clases presenciales
La situación también afecta gravemente a la educación. La Escuela N° 41 de Nueva Trinidad de Niogasta, a la que asisten alrededor de 70 alumnos entre primaria y secundaria, todavía no pudo retomar las clases de manera normal.
Los caminos destruidos, el barro y los anegamientos impiden el acceso al establecimiento. Desde enero, los estudiantes reciben clases virtuales de manera esporádica y solo pudieron tener una jornada presencial en lo que va del año.
«Los chicos preguntan todos los días cuándo van a volver a la escuela», contó uno de los vecinos, que además recordó que sus hijos atravesaron meses de angustia y aislamiento.



