Mientras el gobernador Osvaldo Jaldo reúne a legisladores, intendentes y funcionarios en encuentros políticos donde el mensaje central es que «el peronismo tucumano está unido», en el territorio comienzan a aparecer señales que cuentan una historia diferente.
Lejos de las fotos oficiales y los discursos de unidad, el presidente del PJ Tucumán desarrolla una intensa agenda de recorridas por distintas localidades de la provincia, en una construcción política que busca reconectar con la militancia, los dirigentes de base y, sobre todo, con una sociedad golpeada por la crisis económica.
La pregunta que comienza a recorrer los pasillos del poder es inevitable: si el peronismo está tan unido como afirman desde la Casa de Gobierno, ¿por qué algunos de sus principales referentes parecen caminar por carriles distintos?

Las imágenes son contundentes.
De un lado, funcionarios, legisladores y dirigentes consolidados repiten el libreto de la unidad. Del otro, un armado político que apuesta al contacto directo con la gente y que parece tener una lógica propia, más vinculada a una eventual construcción electoral que a la estrategia oficial.
La situación expone una contradicción difícil de disimular. Mientras el oficialismo busca transmitir fortaleza y cohesión, los movimientos internos revelan tensiones que podrían profundizarse a medida que se acerquen las definiciones electorales.
La historia política tucumana demuestra que las divisiones dentro del peronismo nunca son un detalle menor.
Cuando las diferencias dejan de discutirse puertas adentro y comienzan a reflejarse en la actividad pública de sus dirigentes, las consecuencias suelen trasladarse a las urnas.
En una provincia atravesada por la falta de inversiones, la caída de la actividad económica y el creciente malestar social, la principal preocupación de muchos tucumanos no parece ser la disputa por los espacios de poder. Sin embargo, la dirigencia peronista vuelve a enviar señales de fragmentación en un momento donde la sociedad reclama soluciones concretas.
Por ahora, la foto oficial sigue mostrando abrazos, asados y discursos de unidad.
Pero en la política, muchas veces las verdaderas diferencias no aparecen en las mesas compartidas, sino en los caminos que cada dirigente elige recorrer. Y esos caminos, hoy, parecen cada vez más distantes.




