El murmullo de Miguel Acevedo.

La Burra Mansilla y el Contador Miguel Acevedo, cabeza de la legislatura más cara del país, aunque no lo reconoce. Dijo a la prensa que él no sabe cuánto gana un legislador en Tucumán, y les encargó a los periodistas que "fueran a preguntarles a ellos mismos"

Si el dinero que se traga la Legislatura de Tucumán ya es una desgracia grande de esas que secan la tierra, lo que salió a decir hace poco su presidente, el Vicegobernador Miguel Acevedo, es como una burla helada para los que andan pasando necesidades.

El edificio de la legislatura que fuera criticado por el Arquitecto Cesar Pelli quien, en su última visita a Tucumán, al verlo expreso que era “horrible”. Se refería a lo estético, sin saber que hay dentro.

Cuando la gente le arrimó preguntas sobre el secreto de las cuentas y lo caro que sale mantener ese palacio, el hombre acomodó el cuerpo para soltar una respuesta de esas que no se olvidan, de las que se quedan pegadas a la impunidad de los que mandan: dijo que él no sabía cuánto ganaba un legislador en Tucumán, les encargó a los periodistas que «fueran a preguntarles a ellos mismos» y, para enturbiar el agua, remató diciendo que los parlamentarios —esos que le cuestan al pueblo $228 millones al mes por cada silla—»ganan menos que un juez».

Recinto de la legislatura más cara del país: link

https://fundacionfil.org/wp-content/uploads/2025/10/GASTO-DE-LAS-LEGISLATURAS-PROVINCIALES-V3-1.pdf

Ese decir del hombre merece que se lo mire de cerca, con paciencia, para ver la falsedad y el agravio que trae por dentro.

Que es el encargado de las llaves, el que firma los presupuestos y preside las sesiones diga que no sabe lo que cobran los que tiene abajo, no es que ande desmemoriado; es una confesión de flojera o una mentira llana.

Link de entrevista:
https://www.instagram.com/reel/DZcffE0ucJw/?igsh=MW4xZzYwbDJnanRudA==

Acevedo es el que autoriza las partidas, el que da el visto bueno a los dineros que van por fuera del presupuesto y el que refrenda cada pago. Decir que ignora el número y mandar a los preguntones a buscar a los 49 legisladores uno por uno, es un modo de ganar tiempo, de cansar a la gente y de pisotear ese deber de mostrar lo que se hace con los bienes del pueblo. Es querer tapar el sol con la mano.

Vista del Palacio de Tribunales de Tucumán. La trampa de la comparación de Acevedo, un legislador con un juez, ¿De cuál «juez» nos habla el patrón?

Eso de que un legislador «gana menos que un juez» es un desvío, un truco de palabras para arrastrar la mirada de la gente hacia otro rincón donde también abundan los privilegios antiguos. Pero esa defensa se le desarma al Vicegobernador en cuanto uno le pregunta con voz queda:

¿De qué magistrado está hablando?

Si piensa en un juez de los de abajo, de primera instancia, la comparación sigue siendo un insulto frente a lo poco que trabaja un legislador, que apenas si junta sesiones de vez en cuando para dejar la Cámara convertida en un sello de goma.

Pero si lo que quiere es medirse con los de arriba —con un Vocal de la Corte Suprema de la Provincia—, entonces sus dichos se vuelven una pedrada. Un Vocal de esa Corte mira pasar la vida con sueldos que juntan decenas de millones de pesos, bien resguardado por las antigüedades y los blindajes que nadie les puede quitar.

Agarrarse de los sueldos de una justicia de ricos para disculpar las dietas de una legislatura que no produce nada es reírse de la desgracia ajena.

Acevedo quiere que el tucumano de a pie se quede conforme, que sosiegue su rabia, nomás porque le dicen que sus representantes ganan «un poco menos» que los hombres mejor pagados de todo el gobierno.

En el fondo de lo que dijo Acevedo se asoma la pura verdad del régimen que gobierna este suelo: lo de la política no se toca. Al mismo tiempo que juraba no conocer los números exactos, se paró firme para avisar que de la plata de la Legislatura no piensa rebajar ni un solo peso.

Callejón en donde se ve el olvido en el que nos tienen a los tucumanos

En una provincia donde las guardias de los hospitales se quedan sin insumos para curar, donde los maestros del campo hacen milagros para llegar a dar clases cruzando lagunas de barro y caminos deshechos, y donde el Tribunal de Cuentas descubre que el dinero de la educación se iba por cañerías «negras», el Presidente de la Cámara decreta que los $134.037 millones de la política están benditos y no se tocan (Acuerdo HTC N° 3883).

Esas palabras de Miguel Acevedo no fueron un mal modo de hablar; fueron la firma de que la clase que manda en Tucumán se siente una nobleza libre de cualquier escasez, cuidada por la niebla de sus propios despachos mientras la provincia real, la de los hombres y mujeres que sufren la tierra, se les va desmoronando a pedazos.