
Los informes estadísticos del Poder Judicial de Tucumán revelan una maquinaria que funciona a toda marcha, cuya eficiencia parece detenerse en seco cuando los nombres de los imputados pertenecen a la «casta» judicial o para amigos del poder. Mientras el sistema procesa miles de causas, casos aberrantes como los de Valenzuela y Garmendia quedan atrapados en un limbo de influencias.

Sangre que traiciona a la Sangre. Guillermo Garmendia y la complicidad fratricida:
La denuncia contra este Director de OGA, señalado por su propia hija por abuso sexual, es el ejemplo más crudo de un sistema que protege al verdugo. Aquí, el horror es doble: no solo es el abuso contra una hija, sino la protección corporativa de su hermano, Andrés Garmendia, relator de la Corte Suprema.
La balanza se inclina a favor del pedófilo porque su hermano, desde la cúspide del poder, permite que el victimario siga habitando los mismos despachos que quienes deberían condenarlo.

La familia entregando a sus propios integrantes para salvar al poderoso.
Las acusaciones que vinculan a Jorge Valenzuela con un entramado de violencia y pedofilia que son sistemáticamente «escondidas» detrás de la pauta publicitaria, que sostiene al diario digital el.tucumano de su hermano Julio valenzuela. Aquí, la influencia no es solo jurídica, sino mediática: se compra el silencio para que estos nombres nunca lleguen a las tablas de «Sentencias que resolvieron condenas o absoluciones».

Valenzuela y el bozal de la pauta familiar.
Aunque el informe oficial presume de un 95% de condenas, oculta cínicamente que para la élite del poder la tasa de justicia es cero. El sistema es implacable con el ciudadano común, pero se vuelve ciego y sordo cuando el abusador es «uno de los suyos».

Las estadísticas tucumanas son un monumento al cinismo. Presumen de un 95% de condenas para ocultar que, para la elite del poder, la tasa de justicia es cero.
Mientras Valenzuela y Garmendia sigan siendo protegidos por sus influencias, y familiares los informes del Poder Judicial no serán más que papel mojado, diseñados para esconder que, en Tucumán, el abuso de los poderosos es el único delito que no se cuenta.



