El prontuario de violencia, pauta y pedofilia que esconde el dueño de “ELTUCUMANO”

Detrás del "periodista independiente" opera un violento acorralado por la Justicia, un parásito de los fondos públicos y el encubridor de los horrores más oscuros de su propio clan.

El mecanismo se repite con precisión quirúrgica. Julio Rafael Valenzuela utiliza su
portal de noticias para erigirse como el gran auditor de la moral pública, señalando con el dedo a la dirigencia política y pontificando sobre la ética de los tucumanos.

Pero la pregunta que el escenario impone es brutal en su simplicidad:

¿Qué se esconde detrás de la careta de este falso paladín de la transparencia?

Julio Rafael Valenzuela

Los expedientes judiciales y societarios, esos que no se pueden borrar con un click,
revelan que detrás del «periodista independiente» opera un violento acorralado por
la Justicia, un parásito de los fondos públicos y el encubridor de los horrores más
oscuros de su propio clan.

La Aspiradora del Estado y la Pyme Ñoqui

Negar primero, confesar después. Valenzuela exige austeridad, pero los registros
del Tribunal de Cuentas demuestran que su imperio mediático es una gigantesca
aspiradora de fondos estatales. A través de las firmas Numen SRL y Hit Media SRL
—sociedades que controla junto a su hermana Lucía Guadalupe Valenzuela—, ha
embolsados miles de millones de pesos (más de 3.200 millones según los registros)
de la Secretaría de Comunicación Pública, la Legislatura y la Caja Popular en la
última década.

No vive de sus lectores; vive de tus impuestos.

Pero el saqueo no termina en la pauta. El «Clan Valenzuela-Chambeaud» es una
maquinaria parasitaria. Los documentos prueban que el dueño de eltucumano.com
cobra como empleado de Planta Permanente, Categoría 03, en la Universidad
Nacional de Tucumán desde el año 2014, operando como un «ñoqui» histórico del
Estado.

 

El nivel de impunidad llega a la obscenidad al cruzar los datos municipales:
su hermana Guadalupe (dueña del 10% de Numen SRL) le facturaba pauta
publicitaria a la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, mientras ella misma y su
otra hermana, Soledad, ocupaban cargos ejecutivos (Lupe Subdirectora y Soledad
Subsecretaria) en esa misma intendencia.

Negociaciones incompatibles, fraude y corrupción a ambos lados del mostrador. Sobre esto, en su diario silencio.

El Misógino de los «Dos Calzoncillos» y el Ciberdelito

El hombre que dicta cátedra sobre derechos humanos tiene un prontuario
psiquiátrico y violento que aterra. Acorralado en el fuero de Familia (Expediente N°
6419/20) por una medida de protección de persona interpuesta por su ex esposa,
Valenzuela tuvo que confesar ante una jueza sus propios estallidos de furia. Las
actas oficiales transcriben su confesión literal: «le he dicho insultos e improperios»
y «no le pego a ninguna puerta, le he pegado a la pared, me lastimé los nudillos».

El magnate que factura fortunas con el Estado intentó dar lástima en los tribunales
afirmando: «Me fui con dos calzoncillos, dos medias, y con mi mamá que no quería
que salga a la calle».

Pero la careta de víctima se cae con sus propios actos.

En pleno aislamiento estricto por COVID-19, confesó haber violado las normas del
COE para irrumpir en su casa, sin importarle que la madre de sus hijos padeciera la
enfermedad. Más aberrante aún es su incursión en el ciberdelito doméstico: los
documentos prueban que Valenzuela usurpó la identidad digital de su ex mujer e
involucró a su propio hijo menor, dándole claves hackeadas para espiarla. Una
manipulación perversa que se corona con mensajes extorsivos dirigidos a la madre
de sus hijos: «Voy a pedir ADN para los chicos».

La violencia de Valenzuela no conoce límites ni jurisdicciones.

En la Justicia Federal, agredió a los gritos a una empleada de mesa de entradas.

Cuando la trabajadora, aterrorizada, le dijo que la estaba maltratando, él respondió con un
cinismo digno de un sociópata: «Es que soy un gran actor». ¿El resultado? Una nueva
orden federal de restricción de acercamiento de 300 metros por 180 días.

El patrón de la medianera de Tafí del Valle, captado infraganti trepando un muro del local
cerrado para espiar y acosar a los turistas de un hospedaje a bordo de la camioneta
Ford Kuga (PNF 304) de su socia, no es un periodista investigando; es un
desquiciado violando la propiedad privada y la intimidad ajena.

El «Clan Valenzuela-Chambeaud»

Pauta, Poder y Pedofilia

El dato más macabro de esta estructura paraestatal es su función de
encubrimiento. Valenzuela ataca a la dirigencia para demostrar poder de fuego y
blindar a su propia familia. Su hermano, Jorge Alejandro Valenzuela, está
denunciado penalmente en el expediente P-85509/2019 por el delito de Abuso
Sexual Simple Agravado contra su propia hija.

Jorge Valenzuela (fuente INFOBAE)

¿Se puede ser más macabro?

La madre de la niña no solo denunció este horror intrafamiliar, sino que reclamó
públicamente que Jorge Valenzuela cultiva y vende cannabis en su domicilio,
asegurando que Julio Valenzuela le «salvó las papas» utilizando su influencia
mediática para asfixiar a la Justicia y garantizar la impunidad del presunto violador.

¿Quién protege a la familia Valenzuela? ¿Quiénes son los cómplices?

La pregunta final es ineludible. ¿Puede un individuo con doble perimetral por
violencia machista, que confiesa golpear paredes, que utiliza a su hijo para hackear
cuentas, que parasita el Estado y que usa sus millones de pauta para encubrir la
pedofilia intrafamiliar, seguir hablando de moral de Tucumán?

El silencio de los cómplices tiene precio, pero el daño a las víctimas y a las
instituciones, ya es irreparable.