Vecinos de Villa Luján piden más seguridad

Tras el robo a la casa del padre Enzo Romero, numeros vecinos marcharon entre llovizna y lágrimas para exigir seguridad.

La gota que rebalsó el vaso cayó el lunes, cuando el robo a la casa del padre Enzo Romero, sacudió al barrio Villa Luján y encendió la bronca contenida por meses. El golpe fue tan fuerte que la comunidad, cansada de esperar soluciones, decidió organizarse. El miércoles por la noche, en una tensa reunión vecinal, las escasas respuestas de los jefes de la Comisaría Séptima terminaron de sellar la decisión: salir a la calle.

Y así ocurrió. Este jueves por la tarde, con una llovizna persistente que no logró enfriar la indignación, un grupo de vecinos partió desde la esquina de avenida Ejército del Norte y Don Bosco. Enarbolando una bandera argentina y al grito unísono de “¡Seguridad!”, caminaron por las calles del barrio rumbo a la comisaría. Bocinas de autos acompañaron el paso, mientras puertas de casas y comercios se abrían para sumar aplausos y muestras de apoyo.

El 80% de los vecinos de Villa Lujan, había sufrido algún hecho de inseguridad, algunos de manera reiterada. Historias de robos, ataques violentos y amenazas se mezclaban con gestos de cansancio y miedo.

Al llegar a la comisaría, Angélica —una de las vecinas más activas— se paró en la vereda, de espaldas al edificio policial y a los funcionarios que la observaban desde la entrada. Con voz firme y temblor en las manos, leyó un documento titulado “Mensaje al Pueblo de Dios”, un texto que combinaba oración, denuncia y dolor.

“Nos sentimos heridos y agobiados… nuestros niños no pueden correr ni jugar porque están inseguros… nos roban no solo lo material, sino las ilusiones”, leyó, mientras los vecinos asentían en silencio, con la angustia reflejada en los ojos. Cada párrafo era una radiografía social: ancianos asaltados, comercios atacados, trabajadores despojados, familias enteras durmiendo con miedo.

“Ante los constantes y crecientes hechos de inseguridad, muchos de ellos violentos, nos reunimos como Pueblo de Dios para expresar nuestra preocupación y molestia ante estos hechos que suceden y crecen momento a momento y día a día.” Y remarcó la situación de los más chicos:

“Nos duele y mucho lo que les sucede a nuestros niños que no pueden disfrutar de correr, jugar y vivir con alegría y libertad su infancia porque ESTÁN INSEGUROS.”

El texto seguía describiendo un barrio donde la libertad es cada vez más difícil: “La valentía de la Libertad no la pueden disfrutar nuestros adolescentes, jóvenes ni adultos cuando sus derechos son violentados, su vida es atentada y su seguridad es vulnerada. ESTO, ES EXCLUSIÓN, ESTO ES INSEGURIDAD.” La frase generó asentimientos y murmullos. Luego apuntó al abandono que sienten los vecinos: “Pagamos nuestros impuestos, aportamos al orden público, valoramos la tarea de cada uno pero no vemos que se privilegie a los pobres: pobres ancianos, pobres trabajadores, pobres maestros, pobres estudiantes, pobres comerciantes, pobres emprendedores, pobres, pobres, pobres que son vulnerados y despojados de aquello que con tanto esfuerzo y sacrificio logran tener…”

“Queremos, pedimos y exigimos lo que nos corresponde, DERECHO A VIVIR SIN TEMOR Y CON SEGURIDAD.”

Los aplausos que siguieron al texto fueron largos y emotivos. Luego habló el padre Enzo Romero, quien pidió a todos continuar con las denuncias, no bajar los brazos y movilizarse “por uno mismo y por los otros vecinos que están igual o peor”. El sacerdote, además, recibió muestras de preocupación: en las últimas horas, había sido amenazado, y los vecinos exigieron custodia policial para él y su comunidad.

Tras el robo a la casa del padre Enzo Romero, numerosos marcharon entre llovizna y lágrimas para exigir seguridad.

El clima se tensó cuando intervino el comisario Jesús Rodríguez. Intentó calmar los ánimos asegurando que, tras la reunión con sus superiores, se reforzaría el patrullaje y el personal en la zona. Pero la respuesta encendió la furia:

—“¡No nos falte el respeto! ¡Acá no funciona nada!” le gritó una vecina.

Otros sacaron sus celulares y le mostraron videos de robos, ataques y persecuciones ocurridas en los últimos días.

Otro reclamo explotó con fuerza: que en la comisaría se niegan a tomar denuncias “para que no haya estadísticas de inseguridad en el barrio”.

Frente a la presión, el comisario se comprometió a habilitar un grupo de WhatsApp vecinal para atender reclamos y mejorar la comunicación. Pero la gente no quedó conforme.

Las historias que se repetían en la vereda eran estremecedoras: casas saqueadas hasta tres veces, adultos mayores atacados en plena calle, una anciana que —según contaron— había sido embestida y “le quebraron la cadera” horas después de la reunión vecinal, pese a que la Policía había asegurado que el barrio estaba “seguro”.

Al despedirse, los vecinos se aplaudieron entre sí. No había celebración, sino un reconocimiento mutuo por animarse a plantarse. Prometieron nuevas marchas, más visibles y más numerosas.

Villa Luján volvió a sus casas bajo la misma llovizna con la que había salido. Pero esta vez, con un mensaje claro: están cansados, están heridos, están asustados… y ya no están dispuestos a callar.