La delicada situación macroeconómica continúa haciendo mella en la economía de los hogares de la provincia. De acuerdo con un sondeo efectuado por la consultora Sociología y Mercado, el endeudamiento atraviesa de manera transversal a gran parte de la estructura social de la provincia, revelando que el 75% de los tucumanos manifestó poseer al menos un compromiso financiero activo. El informe privado expone que apenas un 25,3% de la población declara encontrarse libre de deudas, una cifra que evidencia un marcado retroceso frente al 32% registrado en la medición del año 2025.
Para Roxana Laks, psicóloga, máster en Sociología Aplicada y directora de la consultora, el trasfondo de estos números refleja un fenómeno preocupante y estructural: “La sociedad no se endeuda para adquirir un auto o una casa, como sucede en otros países, sino que el endeudamiento es de subsistencia, del consumo corriente”, sentenció la especialista, vinculando el fenómeno a la necesidad de las familias de cubrir los gastos de la vida cotidiana.
Los datos adquieren mayor gravedad al considerar que el 80% de los hogares pertenecientes a los segmentos socioeconómicos bajos y medios declara mantener actualmente algún tipo de pasivo financiero.

Radiografía de las deudas: Tarjetas al límite y el salto a la informalidad
Al desglosar las herramientas financieras más utilizadas por los tucumanos para llegar a fin de mes, el financiamiento mediante tarjeta de crédito se consolida en el primer puesto con el 41,5% de los encuestados que declara mantener saldos financiados (frente al 39,4% del período anterior). En segundo lugar se ubican los préstamos personales o créditos bancarios tradicionales con el 27,8%, seguidos por la compra en cuotas directamente en los comercios, una modalidad que alcanza el 17,8% de las menciones.
Sin embargo, el cambio más drástico en el comportamiento de los consumidores se dio en el circuito informal. Debido a las elevadas tasas de interés aplicadas por las entidades bancarias tradicionales, y en una provincia donde el 50% de los asalariados se desempeña en la informalidad laboral —quedando marginados de calificar para un crédito formal—, las familias mutaron sus fuentes de asistencia:
Préstamos a familiares o amigos: Registraron un fuerte salto, creciendo del 12,1% en 2025 al 17,5% en 2026.
Financieras o mutuales: Multiplicaron sus solicitudes, pasando del 1,4% al 5,4% en el último año.
El informe detalla que mientras los sectores de ingresos medios recurren prioritariamente al crédito regulado (plásticos), el auxilio financiero entre conocidos y mutuales concentra su presencia en los estratos bajos y medios, desapareciendo por completo entre los hogares de mayores recursos económicos.
Las edades del ajuste: adultos de 30 a 59 años en máxima tensión
El estudio de Sociología y Mercado también identificó que la tensión financiera y la vulnerabilidad no afectan a todas las generaciones por igual, concentrándose la mayor presión sobre las franjas etarias que sostienen la estructura laboral y familiar de Tucumán.
De esta manera, los adultos de entre 30 y 44 años muestran una presencia mayoritaria entre quienes admiten tener que realizar severos esfuerzos económicos diarios para sostener el funcionamiento de su hogar. En paralelo, es en el grupo que va de los 45 a los 59 años donde crece con mayor intensidad y dramatismo la percepción subjetiva de encontrarse atravesando una situación económica de carácter crítico. En términos generales, 4 de cada 10 tucumanos reconoce que debe ajustar de manera constante sus gastos para sostener un equilibrio económico que califican como «frágil».
El contexto nacional: Una deuda de 39 billones de pesos
El escenario tucumano se acopla a la tendencia general del país. Datos complementarios provistos por la consultora Focus Market indican que los hogares argentinos arrastran una deuda global acumulada de más de $39 billones, la cual se divide en $32,1 billones de deuda bancaria y $6,9 billones de deuda no bancaria.
Esta última categoría incluye desde deudas por impuestos atrasados, expensas sin abonar y cuotas de colegios impagas, hasta el financiamiento directo en el almacén del barrio o el préstamo de un familiar. La brecha en los montos promedio por hogar es elocuente respecto al peso de cada circuito: mientras la deuda formal en los bancos promedia $5.702.809 por hogar endeudado, el pasivo en el circuito no bancario se ubica en un promedio de $1.149.431.




