Un temporal, tres vidas.

Los casos de Mariano Robles, de Solana Albornoz y de Lisandro Vega exponen una de las caras más crueles de una provincia sin obras hídricas de envergadura desde hace medio siglo.

La naturaleza puede ser implacable. Es cierto. Pero también es cierto que el ser humano ha desarrollado a lo largo de los siglos herramientas para dominarla o para reducir su impacto. Sin embargo, en pleno siglo XXI -mientras la Inteligencia Artificial invade cada vez más resquicios de nuestras vidas y, al mismo tiempo, somos capaces de sobrevolar el lado oscuro de la Luna- en Tucumán, cuando llueve, muere gente.

Lo fácil, claro, es echarles la culpa a los elementos. De hecho, es lo que vienen haciendo algunos políticos tucumanos desde hace décadas. Parecen cultores del “Todo pasa”.

Es que en estas tierras ocurre siempre lo mismo: luego del impacto que causan las inundaciones, el sol vuelve a aparecer, el agua baja y la abulia se adueña nuevamente de la vida cotidiana.

De a poco, otras preocupaciones empiezan a ocupar las mentes de los ciudadanos y los dirigentes que hicieron poco o nada por evitar las catástrofes se terminan levantando indemnes del barro. Aunque hayan repartido cabezazos y otras miserias a metros de quienes lo perdieron todo.

Lo de Mariano Robles y Solana Albornoz es una de esas cachetadas que cada tanto nos propina el destino para recordarnos que no hay nada definitivo, que todo es aún más efímero de lo que pensamos: una pareja con dos hijas y la vida por delante, una tarde de sol, amigos, una fiesta y, de golpe, la muerte.

A casi una semana de las muertes de Mariano y Solana, el escenario de la tragedia en Tafí Viejo continúa siendo un riesgo. Defensa Civil confirmó falta de habilitación.

Indiscutiblemente evitable.

En una provincia en la que hace por lo menos 50 años que no se realiza ninguna obra hídrica de gran envergadura para atajar y canalizar el agua de las tormentas (la última fue el Canal Sur y no hay mucho más para agregar a la lista) ¿hubiese ayudado aunque sea un cartel que advirtiera sobre el peligro que se presenta en ese camino vecinal de Tafí Viejo cada vez que llueve fuerte? Es tarde para saberlo. Lo cierto es que sólo los miserables pueden responsabilizar al GPS por esta calamidad.

Así encontraron el auto en el que iba la pareja.

Lo de Lisandro, el chico que murió electrocutado en Jujuy al 2.900, en cambio, era algo previsible. No su muerte en particular, claro, sino la inminencia de alguna desgracia. Le podía ocurrir a él o a cualquier otra persona. Hay quienes dicen, incluso, que era cuestión de tiempo.

Porque estamos hablando de una zona que se inunda con cualquier chaparrón; de una feria americana que funciona como la manifestación cabal de una comunidad signada por ingresos que no alcanzan -si es que los hay- y por la informalidad omnipresente; de conexiones eléctricas clandestinas, y de una sumatoria de factores (como la ausencia de controles) que sólo demuestran que existen sectores que se hunden cada vez más. Y no es una metáfora.

El letargo del olvido

Con los hechos consumados, se desempolvan -una vez más- proyectos e ideas para terminar con este tipo de dramas.

Existen al menos tres propuestas que aguardan tratamiento para que se retomen las tareas de ejecución del Plan Hídrico Estratégico Integral de Tucumán que entre 2017 y 2019 se desarrolló a instancias de la Legislatura como respuesta a una gravísima inundación en Lamadrid.

Esos proyectos fueron firmados por los parlamentarios de diversos espacios y, entre otras cuestiones, persiguen la idea de constituir comisiones para que se encarguen de la planificación hídrica en la provincia. No faltan los maliciosos que les auguran un pronto pasaje al letargo de los archivos.

Ha transcurrido casi una década desde la presentación de aquel Plan Hídrico que establece una detallada hoja de ruta con obras y prioridades para evitar que se repitan calamidades de este tipo.

Sin embargo, mientras el mundo ha cambiado radicalmente en estos años (pandemia, guerras e IA mediante) en Tucumán parece no haber transcurrido el tiempo: Lamadrid volvió a inundarse hace un mes. Igual o peor que en 2017 ¿Y el plan hídrico? Bien, gracias.

El camino de las vergüenzas

Por estos días advertimos un fenómeno recurrente y vergonzante: como suele ocurrir después de cada tragedia, se multiplican los dirigentes de toda jerarquía y color partidista que prometen soluciones que rara vez llegan -si es que son oficialistas- o que señalan responsabilidades desde la comodidad de la oposición.

Salen a buscar un rédito político en medio del barro de los cataclismos.

En Tucumán no hay espacio para la ficción.