Tres gitanas vendían falsos servicios de adivinación

“Ahora conocimos a Jesús y no lo hacemos más”, contó Sonia, una de las mujeres, en diálogo con Telenoche.

“Tenemos una herencia de nuestro abuelo. Son cosas que no hacemos más”, arrancó una de las protagonistas de esta historia en diálogo con Telenoche. En un testimonio crudo, tres mujeres gitanas decidieron contar cómo funcionaban las tradicionales “lecturas de manos” y la adivinación de la suerte, prácticas que, según relataron, formaron parte de su cultura durante generaciones.

“Ahora nosotros conocimos a Jesús y no le hacemos más”, explicó Sonia, una de las mujeres.

“Lo aprendí de mi tía, de mi mamá, y eso es una enseñanza, por eso te digo que se va escuchando, pero eso fue una cultura de años”, describió.

Durante décadas, la creencia de que “el mal está” y que los problemas en el trabajo, el amor o la salud podían tener una explicación mágica llevó a muchas personas a buscar respuestas en las manos de una gitana. “Siempre le decían a la gitana: ‘me leen las manos o me adivinan la suerte’”, recordaron.

Las mujeres reconocieron que, durante mucho tiempo, esa fue una forma de ganarse la vida.

Pero fueron tajantes: “¿Existe eso? No. ¿Es posible? No, es toda mentira. Hoy lo puedo decir porque estoy en las cosas del Señor”.

Sobre cómo funcionaba el engaño, explicaron: “No nos enseñaban técnicas para hacer que la otra persona te creyera. Eso lo sabemos, es como que lo experimentamos al decirlo; ya sabemos todo lo que teníamos que decir. Porque lo ves de chica”.

“Hoy lo vi, ella es mi mamá -por Sonia-. Me pasaba lo mismo. Fui aprendiendo todo eso de chica y después también lo hacía yo también”, sumó Dalila.

“¿A quién no le pasa? ¿A quién no tiene un dolor de cabeza? ¿A quién no tiene un dolor de estómago? ¿A quién no le va mal en el amor? ¿A quién no le va mal con el trabajo, con el dinero? Son cosas que a todo el mundo le pasan”, contó. “Era mentira, era todo mentira. No sé leer la mano, no sé, no tengo ese poder para hacerlo», agregó.

Incluso, contaron cómo armaban los “amuletos” que entregaban a sus clientes: “Ponía cualquier cosa adentro. Le decía: ‘este es tu amuleto, llévalo a la cartera que te va a traer suerte’. La gente creía, porque la fe mueve montañas. Te pagaban”.