
Redacción Central de La Pluma Viral
La gestión de Oscar Mirkin como presidente de San Martín de Tucumán ha estado históricamente ensombrecida por su controvertido doble rol como Secretario de Obras Públicas de la provincia durante el alperovichismo.
Su primer mandato (2014-2017) culminó en un severo vaciamiento institucional, simbolizado por la entrega del club con apenas 32 pesos en la cuenta bancaria oficial, pese a haber declarado un falso superávit millonario.
Durante esa etapa, anunció la llegada de 16 millones de pesos en subsidios no reintegrables gestionados ante José López para obras de infraestructura deportiva, fondos cuyo destino final jamás fue esclarecido de manera transparente. A esto se sumaron crisis de violencia, el éxodo masivo de su propia comisión directiva y escándalos financieros como la compra de un «colectivo fantasma» y faltantes en dólares por la venta de jugadores.
En la actualidad, tras su regreso al poder a fines de 2025, su administración arrastra quejas de opositores, una caída abrupta a tan solo 8.000 socios al día y excusas continuas sobre el encarecimiento del club, evidenciando un modelo de gestión cuestionado por su opacidad.
10 Datos Finales sobre su gestión.
1) Aprovechó su rol simultáneo como Secretario de Obras Públicas y presidente del club, lo que generó sospechas constantes por vínculos con figuras del poder político provincial.
2) En 2014 anunció la recepción de 16 millones de pesos provistos por José López para obras en el predio y el estadio, pero nunca se presentó documentación pública clara sobre el uso real de esos fondos.
3) Al entregar el mando en 2017, la cuenta bancaria oficial del club en la Caja Popular de Ahorros registraba un saldo ínfimo de tan solo 32 pesos.
4) Engañó a los socios al declarar en el final de su primera gestión que dejaba un superávit de 6 millones de pesos, lo cual fue desmentido inmediatamente por la tesorería entrante.
5) Estuvo involucrado en irregularidades con el pase de Maximiliano Martínez a All Boys, operación donde se reportó que 20.000 dólares pagados por el club comprador jamás ingresaron a San Martín.
6) Realizó la supuesta compra de un «colectivo fantasma» con dinero de la institución; el vehículo jamás fue utilizado por el plantel y testigos afirman que terminó circulando por Buenos Aires.
7) Hipotecó las finanzas futuras del club al vender de manera anticipada y a bajo costo la publicidad estática a una tarjeta de crédito, cobrando todo el dinero por adelantado.
8) Su falta de liderazgo provocó la renuncia masiva e indeclinable de cinco de sus principales directivos (Paz, Seoane, Vigiani, Saleh y Kasen) tras una severa crisis por violencia en el estadio.
9) En su segundo ciclo presidencial (iniciado en 2025), ha llevado al club a una preocupante merma societaria, contando actualmente con solo 8.000 afiliados al día.
10) Ante la crisis actual (septiembre de 2026), se niega a renunciar pese al descontento y acusa a la gestión anterior de heredarle 800 millones de pesos en deudas, repitiendo un clima de confrontación institucional.

San Martín necesita capitales, gestión y resultados.
En el mundo del deporte profesional los tiempos cambiaron. Los clubes necesitan inversiones, planificación, recursos genuinos y dirigentes capaces de generar capital para sostener instituciones cada vez más exigentes.
San Martín de Tucumán no debería ser la excepción.
La discusión de fondo ya no pasa solamente por quién ocupa la presidencia, sino por qué modelo de club se pretende construir. ¿Uno que dependa de recursos públicos y aportes extraordinarios para sobrevivir o una institución capaz de generar sus propios recursos y atraer inversores?
¿Cuánto capital privado se puso realmente para hacer crecer al club y cuánto se retiró de él en beneficios, negocios o privilegios?
También existen cuestionamientos que deberían ser respondidos con documentación y transparencia, especialmente aquellos relacionados con entradas de protocolo, su eventual comercialización y el manejo de recursos institucionales.
San Martín necesita resultados deportivos, pero también necesita una administración moderna y transparente. Por tal motivo debió renunciar Pisarello.
El club no puede convertirse en una caja permanente ni depender de que el Estado le tape los agujeros con dinero de los contribuyentes.
Los socios merecen conocer cuánto entra, cuánto sale, quiénes se benefician y qué aporta cada dirigente al crecimiento de la institución.
Porque si se quiere conducir San Martín, también hay que estar dispuesto a poner, invertir y arriesgar.
Los tiempos cambiaron. El club necesita dirigentes que lleven capital y proyectos, no solamente apellidos y muchos se encuentra de estar jugando a Papa Noel obsequiando a una propiedad en un country de Yerba buena a su cariñosa.



