
El mensaje a los trabajadores que cimentó un formidable proyecto político.
Luego de su arribo a la Casa Rosada a las 22.30 de aquél 17 de octubre de 1945, y de reunirse con el presidente Edelmiro Farrel y otros funcionarios del gobierno y dirigentes políticos, el coronel Juan Domingo Perón se trasladó a los balcones frente a la Plaza de Mayo y pronunció un discurso a la gran multitud que se había reunido allí para exigir su liberación.
Estos son algunos estractos de lo que dijo esa noche:
«Hace casi dos años desde estos mismos balcones dije que tenía tres honras, las de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino. Hoy a la tarde, el Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud de retiro del Ejército. Con ello he renunciado voluntariamente el insigne honor al que pude seguir aspirando de llegar a ser un soldado de la nación. Quiero seguir siendo el coronel Perón y ofrecerme al pueblo con este nombre».
«Este es el pueblo sufriente que representa el dolor de la tierra madre. Es el pueblo de la patria. Es el mismo pueblo que en esta histórica plaza pidió frente al Congreso, que se respetará su voluntad y su derecho. Esta verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha horas y horas a pie para pedir a sus funcionarios que cumplieran con su deber».
«Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre he sabido de su emoción, pero esta vez constituye esta reunión un verdadero orgullo para todos los argentinos. Hace dos años pedí confianza, me dijeron de ese pueblo, al cual sacrificaba todas mis horas de sueño y de trabajo, había de traicionarme. Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a nadie que no los traiciona. Nuestro pueblo no sólo busca la felicidad, sino que sabe también dignamente defenderla».
Los hermanos trabajadores
«Recuerden, trabajadores, que es necesario más que nunca que se unan como hermanos y busquen con esa unidad la unidad de todos los argentinos, Iremos diariamente incorporando masa a la de los descontentos para que se unan a este coro de voces patriotas. Pido también a los trabajadores que reciban con mi cariño inmenso mi agradecimiento por las preocupaciones y molestias que se han tomado por este humilde hombre que les habla».
«Por eso hace poco les dije que quería abrazarlos como hubiera abrazado a mi madre, ustedes también habrán tenido los mismos dolores y preocupaciones que mi pobre vieja. Esperemos que en los días que vengan sean de paz y en ellos se logrará la tranquilidad que hemos esperado y deseado siempre. Tengamos fe en el porvenir».
«Pidoles como hermano mayor, que vuelvan a sus trabajos y retornen tranquilos a sus casas, también les pido que el día del paro que tenían proyectado lo destinen a celebrar la gloria de esta reunión de hombres de trabajo, que son la esperanza más pura y cara de la Patria».
«He dejado deliberadamente para el final recomendarles que disuelvan esta magnífica asamblea y lo hagan con mucho cuidado, recuerden que hay muchas mujeres entre ustedes y que las mujeres obreras deben ser cuidadas por los mismos obreros».



