Mientras los índices de pobreza e indigencia golpean con cada vez más fuerza en Tucumán, la respuesta oficial sigue siendo la misma receta de siempre: entretenimiento financiado con el dinero de los contribuyentes.
Las dos caras de una realidad que no se puede tapar:
El costo del festejo: Con una puesta en escena imponente y contrataciones de primer nivel, los festivales locales se consolidan como un gasto millonario.
¿Quién lo paga?
El bolsillo de cada tucumano a través de los impuestos, en una provincia con necesidades de infraestructura urgentes.
Espectáculo vs. Realidad
La marea de gente en el predio expone la efectividad de la vieja fórmula de “pan y circo”. El show entretiene por unas horas, pero las problemáticas de fondo —falta de empleo, precarización y vulnerabilidad— permanecen intactas al apagarse las luces del escenario.
Un contraste doloroso entre la fiesta que se muestra en los canales oficiales y el día a día de una provincia que no encuentra el rumbo económico. ¿Hasta cuándo se priorizará el gasto en entretenimiento por sobre las necesidades estructurales?




