Matías Juárez, «pacto de bata blanca» en tribunales.

¿Se quiere operar de las amígdalas en un sanatorio de Tucumán? Le aconsejo una sola cosa: persígnese y rece. Porque si algo sale mal, si un médico se descuida, olvídese de la Justicia. En Tucumán no hay justicia para la mala praxis: hay un pacto de caballeros, un muro de silencio institucional y un sistema judicial que funciona como una escribanía para consagrar la impunidad.

Por Redacción Central la Pluma Viral

El caso de Matías Juárez es el ejemplo perfecto de escándalo en materia de mala praxis. Tenía 8 años. Un changuito fanático del helado que entró a un sanatorio para una cirugía programada, rutinaria, de esas de las que te vas a tu casa al otro día. Pero Matías no volvió. Agonizó durante cinco días tras un infarto cerebral no detectado a tiempo y murió desangrado y ahogado el 25 de octubre de 2016.

En la foto, la inocente mirada de Matías, su madre María Luna que clama justicia y el rostro soberbio e inmutable de la poderosa fiscal Marta Jerez. (imagen captura del programa streaming “Entérate”).

Diez años tardó la madre, María Luna, en lograr algo inédito: llevar el caso al primer juicio oral y público por mala praxis médica en la historia de la provincia. ¿Y sabe qué pasó? La casta judicial y médica le dio un cachetazo en la cara.

El Abogado Sebastián Herrera Prieto por la defensa de los acusados. El dolor de María.

Este viernes 4 de septiembre de 2026, el tribunal absolvió a todos, a las intensivistas Federica Castro y Florencia Jerez, absolución lisa y llana. Al cirujano Álvaro Enrique Páez, absolución por el «beneficio de la duda». ¿Y las indemnizaciones por la vida de un changuito de 8 años? Rechazadas. Cero costos para los profesionales, cero costos para las aseguradoras.

Mire cómo opera el sistema cuando la víctima es un ciudadano común y los imputados son médicos de clase alta.

Cuando un changuito entra a terapia y la cosa se complica, la información desaparece. Hojas mutiladas, anotaciones borroneadas y peritajes que misteriosamente se demoran diez años. Ningún colega quiere testificar contra otro; en los quirófanos tucumanos rige la ley del silencio.

El insólito árbol genealógico del Poder Judicial de Tucumán, Marta Jerez y Mariana Rivadeneira. El corporativismo, la rosca judicial y la impunidad médica en Tucumán.

Esto no es casualidad, es la rosca en su máxima expresión. En 2020, la fiscal de instrucción Mariana Rivadeneira intentó mandar la causa al archivo sin siquiera tomarle declaración a los médicos. ¿Quién fue la fiscal de juicio que ahora pidió la absolución argumentando una «contingencia médica»? Marta Jerez, su propia madre. Madres e hijas judiciales repartiéndose causas para garantizar que ningún médico termine condenado.

¿Le importó algo al tribunal? Absolutamente nada. Para la justicia local, pesa más la presión corporativa que el rigor científico.

El grito de una madre: «A mí el Ministerio Público Fiscal me dejó sola. Evidentemente acá matar es gratis», dijo María Luna entre lágrimas al salir de la sala. Y tiene toda la razón. Dígame: ¿cuántos médicos conoce usted que estén presos por matar a un paciente por negligencia en Tucumán? ninguno. Tucumán es un récord insólito: diez años de lucha para terminar en un fallo que les dice a las familias que la muerte de sus hijos no le importa a nadie.

Silvia Furque abogada de la querella por la familia de Matías Juárez.

El fallo contra Matías Juárez no es solo una injusticia individual; es un mensaje tenebroso para toda la sociedad. Le están diciendo a los sanatorios y a los corporativismos médicos que pueden seguir ocultando pruebas, ignorando alarmas en terapia intensiva y protegiéndose mutuamente, porque al final del día, los fiscales de la rosca local les van a firmar el sobreseimiento.

La familia irá a la Corte Suprema y a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Van a seguir su lucha por justicia para Matías.

La foto de hoy da asco: la pared invisible del corporativismo médico-judicial tucumano volvió a ganar, dejando en la impunidad total la vida tronchada de un changuito de 8 años.