Las Talitas: agua con arena y el calvario de los vecinos.

Los vecinos ironizan con resignación y furia que el sol parece salir únicamente para el lado de la casa de los Najar.

Las Talitas seca y tapada de arena, el calvario de los vecinos mientras la gestión de Najar brilla por su ausencia. Vivir como en el medioevo, agua con arena que destruye cañerías, ollas populares de madrugada para juntar agua y una intendencia sorda al grito popular.

Las Talitas sufre una crisis hídrica desesperante que golpea de lleno la dignidad de sus habitantes. Mientras los años pasan y los presupuestos se esfuman en promesas vacías, la realidad cotidiana de las familias se resume en una postal de abandono: canillas que arrojan agua turbia y cargada de arena, cañerías destrozadas y la obligación de hacer malabares durante la madrugada para juntar líquido vital en tachos y baldes.

El epicentro de este desastre sanitario se vive con crudeza en la zona de calle 15, a la altura de la 1000, donde la paciencia social llegó a su límite absoluto frente a la inoperancia del poder político local.

La bronca se multiplica en cada esquina y apunta sin escalas a la intendencia de Najar y la SAT de Marcelo Caponio.

La comunidad denuncia que las inversiones brillan por su ausencia, las obras estructurales jamás llegan y los reclamos formales se estrellan contra el silencio municipal.

Los vecinos ironizan con resignación y furia que el sol parece salir únicamente para el lado de la casa de los Najar, mientras el resto de la ciudad subsiste a oscuras y sepultada bajo los problemas cotidianos.

La desidia institucional transformó a los barrios en tierra de nadie, donde el derecho más elemental al agua potable se convirtió en un lujo inalcanzable.