La Misa Ricotera se realizó ayer en las instalaciones del Hipódromo de Tucumán, en un evento organizado por una productora privada que convocó a una multitud de fanáticos. El espectáculo se desarrolló en medio de la expectativa de miles de personas y dejó una pregunta incómoda sobre el papel que pretende atribuirse el Gobierno provincial en el resultado de la jornada.

50.000 personas, apenas 100 baños y una productora privada que habría tenido que afrontar gastos vinculados a la seguridad. ¿Quién se lleva los laureles y quién responde por las necesidades del público?
En las horas posteriores al recital, Gustavo Utrera, referente vinculado al Ejecutivo provincial tucumano, habría compartido mensajes a través de cadenas de WhatsApp destacando el resultado del evento. Una actitud que abre un interrogante:
¿Se busca capitalizar políticamente el éxito de una organización privada?
Porque una cosa es que el Estado cumpla con sus responsabilidades y otra muy distinta es atribuirse los méritos de un espectáculo organizado por el sector privado.
50.000 personas y apenas 100 baños: los números que incomodan
Uno de los puntos más cuestionados es la cantidad de sanitarios disponibles para el público. Según los datos señalados, se instalaron apenas 100 baños para una concurrencia estimada en 50.000 personas.
Las cifras hablan por sí solas: habría existido un baño por cada 500 asistentes.
Una proporción que plantea serios interrogantes sobre la planificación sanitaria y las condiciones ofrecidas a quienes asistieron al recital.
El éxito artístico y la masiva convocatoria no deberían utilizarse para esquivar una discusión fundamental: ¿se planificaron adecuadamente los servicios básicos para atender a semejante cantidad de personas?
La seguridad, la higiene y la infraestructura no son detalles secundarios. Son aspectos esenciales cuando se convoca a decenas de miles de espectadores.

¿El Estado acompañó o la productora tuvo que financiarlo?
Otro punto que merece aclaración es el financiamiento de los adicionales policiales. Según lo señalado, representantes de la productora habrían acudido a la Secretaría General de la Policía para gestionar el financiamiento de esos servicios. Si la empresa privada debió afrontar esos costos para garantizar el operativo, corresponde explicar con precisión cómo se organizó el esquema de seguridad y qué responsabilidades asumió cada parte.
- ¿El Gobierno aportó recursos propios?
- ¿Qué gastos quedaron a cargo de la productora?
- ¿Hubo pagos por servicios policiales adicionales?
- ¿Qué acuerdos se establecieron entre las partes?
Son preguntas legítimas que merecen respuestas claras, especialmente cuando se trata de un acontecimiento multitudinario que requiere coordinación entre organizadores privados y organismos públicos.
«La gente ya no come vidrio»
En una conferencia de prensa, Osvaldo Jaldo sostuvo que la gente ya no come vidrio. Una frase que, aplicada a esta discusión, plantea una reflexión inevitable: la ciudadanía puede distinguir entre la organización de un espectáculo privado y las funciones que le corresponden al Estado.
Si la productora fue la responsable de organizar y financiar el recital y, además, tuvo que afrontar determinados costos operativos, resulta necesario precisar qué participación tuvo el Gobierno y qué aportes concretos realizó para que la jornada se desarrollara.
No se trata de desconocer el trabajo de los organismos públicos ni la importancia de la coordinación institucional. Se trata de establecer con claridad quién hizo qué, quién pagó cada servicio y si los recursos disponibles fueron suficientes para atender las necesidades de los asistentes.
El éxito del recital no cierra el debate
La convocatoria de la Misa Ricotera puede representar un resultado importante para la productora, los artistas y el público. Pero el balance de un evento de semejante magnitud no debería limitarse a las imágenes de una multitud ni a los mensajes de celebración posteriores.
También debe contemplar las condiciones sanitarias, la planificación de la seguridad y la distribución de responsabilidades entre el sector privado y el Estado.
Si el mérito de la organización corresponde a la productora privada, no hay razones para confundirlo con una conquista política. Y si el Gobierno considera que su intervención fue determinante, debería explicar con datos concretos cuál fue su aporte.
Porque, como dijo el propio Jaldo, la gente ya no come vidrio. Y cuando se trata de un espectáculo para miles de personas, los números importan, los servicios básicos también y las responsabilidades no pueden quedar escondidas detrás de una celebración.




