
Cuando se reveló que Luis «Toto» Caputo y Santiago Bausili habían sacado del país las reservas de oro del Banco Central en una serie de operativos con ribetes policiales, se inició una saga de ocultamiento que este lunes sumó un capítulo judicial determinante.
La Justicia Federal decidió romper el cerrojo informativo de las autoridades sobre el destino de uno de los activos más sensibles del país.
En una resolución de alto impacto firmada por los jueces Guillermo Treacy y Pablo Gallegos Fedriani, la Sala V de la Cámara Contencioso Administrativa Federal determinó que la autoridad monetaria no justificó por qué se niega a informar sobre el paradero del oro. Según el fallo, la negativa del BCRA vulnera flagrantemente los principios de transparencia activa que rigen sobre el Estado.
El argumento del «secreto» herido
Hasta ahora, la defensa de Caputo y Bausili se amparaba en que el movimiento de lingotes formaba parte de la «administración de reservas» y, por lo tanto, debía ser tratado como secreto de Estado. Es el mismo criterio opaco que el Palacio de Hacienda aplica para no dar precisiones sobre el swap con China o el manejo de los bonos que el Tesoro utiliza para intervenir en el mercado cambiario.
Sin embargo, los jueces fueron punzantes al desarmar esta estrategia:
«La configuración de alguna de las excepciones legales a la entrega de información pública no puede depender de una apreciación unilateral del sujeto obligado», sostiene el fallo.
Para la Cámara, el Estado tiene la carga de la prueba: debe demostrar concretamente qué daño causaría difundir los datos, en lugar de esconderse en una confidencialidad genérica.
Un año de evasivas
La batalla legal fue impulsada por el líder de La Bancaria y diputado nacional, Sergio Palazzo, quien desde hace más de un año exige saber cuántos lingotes salieron, en qué fechas, bajo qué condiciones y a qué cuentas fueron destinados.
En su momento, Caputo se limitó a una explicación superficial en televisión, alegando que el giro a bancos extranjeros permitía «cobrar intereses». No obstante, nunca aclaró quién custodia el activo ni si se realizó una operación de colateralización (uso del oro como garantía para préstamos), un rumor que sobrevuela la city porteña ante la asfixiante falta de dólares.
El BCRA apenas emitió un comunicado formal diciendo que había completado «transferencias entre cuentas», sin aportar una sola hoja de ruta.
El oro como salvavidas contable
La urgencia por conocer el estado real de las reservas no es un capricho técnico. Con el precio del oro tocando récords históricos de USD 4.400 la onza, este activo se ha convertido en el único amortiguador de un balance quebrado.
Reservas en juego: El stock de oro ronda los USD 4.900 millones.
El rojo real: Analistas de consultoras como LCG estiman que las reservas netas líquidas se encuentran en un terreno negativo espeluznante, cercano a los USD 18.000 millones.
La paradoja es absoluta: el Gobierno computa el oro como reserva propia para maquillar el balance, pero se desconoce si esos lingotes están físicamente en el Banco de Londres, en Basilea, o si ya han sido comprometidos en operaciones de crédito ante la desesperación por obtener financiamiento.
Incluso la Auditoría General de la Nación (AGN) chocó contra la pared de Bausili, denunciando que el Central se negó sistemáticamente a entregar documentación sobre si el oro fue transformado en instrumentos financieros derivados.
Con este fallo, la «nebulosa» de Caputo entra en zona de descuento. La Justicia ya no acepta el «porque sí» oficial y exige que Bausili responda la pregunta que el mercado y la oposición repiten hace meses: ¿Dónde está el oro de los argentinos?



