Jaldo: del “cortar la melena al león” a melenudo.

Javier Milei, Karina Milei y Osvaldo Jaldo.

Redacción de la Pluma Viral.

Hubo un tiempo en que Osvaldo Jaldo hablaba de “cortarle la melena al león”. La frase pretendía marcar fuertemente una frontera: de un lado, un supuesto modelo provincial peronista; del otro, el ajuste de Javier Milei. El problema es que, con el paso del tiempo, el león no perdió la melena. Parece que Jaldo terminó dejándose crecer una propia.

Y quizás ahí esté una de las mayores contradicciones de la política tucumana de los últimos años.

Porque mientras en Tucumán todavía se habla de peronismo, de justicia social y de un Estado presente, el discurso del gobernador parece haberse acercado cada vez más a la lógica de que cada uno debe arreglar lo que pueda, como pueda y con lo que tenga.

(foto de Noticias del Interior).

El escenario donde vecinos del interior que, ante la falta de respuestas, decidieron poner manos a la obra y arreglar una calle, podría ser presentada como solidaridad comunitaria, compromiso ciudadano o participación vecinal. Pero también admite otra lectura mucho más incómoda; porque los vecinos terminan haciendo el trabajo que esperan del Estado.

La respuesta sorpresiva de Jaldo hoy fue hablar de colaboración, de compromiso y del granito de arena que debemos aportar. Una frase políticamente prolija y simpática. Pero muy parecida a un libreto reconocido, el libreto del manual libertario.

El libreto que disfraza la ausencia del Estado en una virtud.

Si no llega la obra pública, que la hagan los vecinos; si falta infraestructura, que aparezca la solidaridad; si el Estado no alcanza, que alcance el esfuerzo individual.

¿En qué momento el pueblo dejó de ser el destinatario de las obras para convertirse en parte de la cuadrilla?

El peronismo tucumano supo construir durante décadas un relato basado en la presencia del Estado.

Las obras, los servicios y la infraestructura eran presentados como obligaciones de un Estado que debía estar allí donde el ciudadano no podía llegar solo. Ahora, la explicación parece haber cambiado, pero sin dejar de lado lo más importante.

¿Dónde está la plata de las obras?

Porque los tucumanos pagan impuestos. Pagan tasas. Pagan servicios. Pagan combustibles, alimentos y todo aquello que contiene una carga tributaria directa o indirecta. El Estado recauda y si recauda, corresponde preguntar cuánto ingresa, cuánto se destina a obras, qué obras se ejecutan, cuáles están demoradas y cuál es el criterio utilizado para asignar esos recursos.

No alcanza con pedirle al vecino que ponga el hombro.

El Estado tiene el deber de hacer para el vecino, este no puede convertirse en la variable de ajuste de la obra pública. Y mientras ese debate aparece en Tucumán, otro proceso se desarrolla en la política.

Cada vez son más visibles las tensiones dentro del peronismo tucumano. Dirigentes que durante años caminaron bajo la misma línea comenzaron a tomar distancia, a romper filas y a cuestionar el rumbo del gobernador. El fenómeno puede leerse como una disputa de poder, como una reconfiguración interna o como una diferencia política sobre el rumbo que tomó el Gobierno provincial. Pero…

¿Cuánto peronismo queda cuando la marcha peronista empieza a sonar como motosierra libertaria?

Quizás por eso la palabra “peronismo” empieza a generar más preguntas que certezas dentro del propio oficialismo.

Quizás por eso algunos dirigentes rompieron las cadenas de la obediencia interna.

El apoyo incondicional en el Congreso.

Jaldo no llegó a este punto de la noche a la mañana. Desde el comienzo de la gestión de Milei, el gobernador defendió públicamente el acompañamiento legislativo de sus diputados. En enero de 2024 justificó la ruptura de sus legisladores con Unión por la Patria y la creación del bloque Independencia como una estrategia para defender los intereses tucumanos.

Después llegó la Ley de Bases.

Jaldo celebró su aprobación y sostuvo que era necesaria para darle gobernabilidad al presidente. En junio de 2024 volvió a defender el voto de los tres diputados tucumanos y argumentó que ese acompañamiento beneficiaría a la provincia.

Y Milei tomó nota.

En diciembre de ese año, el propio presidente agradeció públicamente a Jaldo por haber acompañado su gestión. Entonces quizás la discusión ya no sea si Jaldo dialoga con Milei. Eso dejó de ser una novedad hace tiempo.

La verdadera discusión es hasta dónde puede correrse un gobernador peronista hacia el modelo político de un presidente libertario sin que la etiqueta partidaria termine funcionando apenas como una vieja chapa oxidada pegada sobre un vehículo que cambió de motor.

Jaldo puede defender sus acuerdos con la Nación. Puede argumentar que negocia recursos para Tucumán. Puede sostener que el diálogo institucional es necesario. Y es aceptable
…Pero dónde quedó aquel gobernador que hablaba de “cortar la melena al león” porque hoy el león conserva su melena.

Y Jaldo, lejos de cortársela, parece haberse dejado crecer el pelo.
Hoy, oficialmente, Jaldo es melenudo.