
El río Paraná superó los registros históricos en Itatí, Corrientes, y el agua ya ingresó en decenas de viviendas. Cerca de 300 personas fueron evacuadas y numerosos vecinos se movilizan en botes y lanchas para trasladar alimentos y rescatar sus pertenencias. En medio de la emergencia, la fe en la Virgen de Itatí se convierte en refugio para las familias afectadas.
La localidad correntina de Itatí atraviesa una de las situaciones más difíciles de los últimos años por la crecida del río Paraná. El agua avanzó sobre barrios, viviendas, caminos y espacios costeros, obligando a los vecinos a improvisar pasarelas y recurrir a botes y lanchas para trasladarse.

El Paraná avanza y golpea a las familias
Según los datos citados por los medios nacionales y las estimaciones de la Prefectura Naval Argentina, el río alcanzó los 8,24 metros, superando la marca de referencia de la inundación de 2023, cuando el nivel llegó a los 8,07 metros. La crecida dejó numerosas casas anegadas y mantiene en alerta a las autoridades por la posibilidad de que el agua continúe avanzando.
En el barrio Ibiray, uno de los sectores más afectados, los pobladores enfrentan una decisión angustiante: abandonar sus hogares o permanecer mientras intentan proteger sus pertenencias. La incertidumbre crece porque nadie sabe con certeza hasta dónde llegará el agua durante los próximos días.
Casas inundadas y vecinos que resisten
Las imágenes de Itatí muestran la dimensión de la emergencia. Muebles levantados, colchones apilados, electrodomésticos colocados sobre superficies elevadas y calles cubiertas por el agua forman parte de la realidad cotidiana de numerosas familias.
Los vecinos se organizan para trasladar alimentos, ayudar a quienes permanecen aislados y rescatar objetos antes de que queden bajo el agua. En algunos sectores, caminar implica atravesar zonas inundadas, mientras que en otros el uso de embarcaciones se volvió indispensable.
Se estimaba que unas 300 personas habían sido evacuadas. Además, las autoridades de Defensa Civil advirtieron sobre el avance de la onda de crecida y su posible impacto en distintos puntos de la región.

La historia de Nancy: la fe en medio de la inundación
Entre las historias que reflejan el drama de la emergencia está la de Nancy González, una vecina que encontró parte de su casa inundada al despertarse. El agua alcanzó muebles, colchones y otros objetos que había conseguido con años de trabajo.
En medio de las pérdidas, mantiene intacto un pequeño altar dedicado a la Virgen de Itatí, cuya imagen permanece protegida en una pared por encima del nivel del agua.
Nancy contó al diario Clarín que su fe también está ligada a la recuperación de su hija, que atravesó un cáncer de mama. Por eso, asegura que hoy elige agradecer por la vida y ayudar a otras personas que están pasando por momentos difíciles.
Sin embargo, la angustia aparece cuando habla de los bienes que el agua amenaza con destruir. Detrás de su actitud solidaria, reconoce el dolor de ver cómo se deterioran las cosas por las que una familia trabajó durante años.
Incluso mientras intenta proteger su propia vivienda, prepara ropa para donar a los vecinos más afectados. Su preocupación, explica, no se limita a los días de inundación: también teme por las familias que necesitarán ayuda cuando el agua baje y la emergencia deje de ocupar las primeras planas.
Ibiray, entre la evacuación y la incertidumbre
La situación es especialmente preocupante en el barrio Ibiray, donde el agua amenaza con ingresar a más viviendas y dejar sectores completamente aislados.
Omar Donosio, uno de los vecinos citados por Clarín, describió el temor de quienes todavía permanecen en sus casas y esperan para decidir si deben retirar los muebles o abandonar el lugar.
La crecida también afecta la circulación, los puentes, la costanera y los espacios turísticos cercanos al río. Mientras tanto, los habitantes intentan mantener sus actividades cotidianas en condiciones cada vez más complicadas.

Una emergencia que exige asistencia y prevención
La inundación de Itatí vuelve a poner en primer plano la vulnerabilidad de las poblaciones ribereñas frente a las grandes crecidas del Paraná. La asistencia a los evacuados, la prevención de nuevos daños y el acompañamiento a las familias afectadas serán fundamentales durante la emergencia y después de que el agua comience a retroceder.
Mientras las autoridades siguen de cerca la evolución del río, los vecinos enfrentan horas de incertidumbre, pérdidas materiales y preocupación por el futuro.
En Itatí, la crecida no solo cubre calles y viviendas: también pone a prueba la vida de una comunidad que intenta sostenerse con solidaridad, esperanza y fe en la Virgen que forma parte de su identidad.



