Redacción Central de la Pluma Viral.
La visita de Ian Moche a Tucumán tiene un objetivo claro y valioso: visibilizar el autismo, hablar de neurodivergencia y promover una sociedad más inclusiva. El adolescente de 13 años llegó a la provincia junto a su mamá para brindar actividades gratuitas en Banda del Río Salí y Monteros, con el acompañamiento de la Caja Popular de Ahorros, el Gobierno provincial y los municipios.
¿Hasta dónde una institución pública puede utilizar la imagen de un adolescente para promocionar la gestión de sus autoridades?
La propia Caja difundió el encuentro de Ian con el interventor Guillermo Norry y el subinterventor Antonio Bustamante, presentándolo como una “agradable charla” y destacando el compromiso institucional con la inclusión.
El problema no es Ian. El problema es cómo se utiliza institucionalmente su presencia.
Mientras se habla de empatía, inclusión y de la necesidad de escuchar a las personas neurodivergentes, también resulta legítimo preguntarse si corresponde que la imagen de un adolescente sea utilizada para construir una fotografía amable de los funcionarios de turno.
¿Dónde termina el acompañamiento institucional y dónde empieza la promoción de la gestión?

Si la Caja Popular realmente pretende acompañar esta causa, la discusión debería ir mucho más allá de una foto con el interventor. Debería traducirse en acciones concretas, políticas permanentes, accesibilidad, capacitación y respuestas para las familias.
Porque la inclusión no debería convertirse en una oportunidad para la fotografía.
Ian merece que su mensaje sea el protagonista. No que su presencia termine funcionando como telón de fondo para la imagen de ningún funcionario.
¿Acompañamiento genuino o demagogia institucional con una causa sensible?




