
Por Redacción Central La Pluma Viral
Hay olor a persiana bajada en las calles de la ciudad de San Miguel de Tucumán. Y no es una metáfora literaria: es el aroma acre de la agonía comercial. Mientras el minorista de la esquina hace malabares para pagar la luz, reza para que el alquiler no lo devore y ve cómo las ventas se desploman un 2,4% en picada libre, en los escritorios alfombrados de la Federación Económica de Tucumán (FET) viven en Narnia. O, mejor dicho, viven de rentas.

El patrón de la chequera: cuando la Federación Económica se convierte en un club de coaching mientras Tucumán baja la persiana. En la foto Gregorio Werchow, como si fuera prócer, en los medios propiciando la “reinvención” del comerciante.
Salen muy prolijitos los muchachos en los diarios. Te firman solicitadas, te arman un congresito, te mandan al nonagenario secretario general Gregorio Werchow, –quien dicen representa a CAME -, a declarar con tono de prócer que la solución para el comerciante que está a dos pasos del desalojo es… “reinventarse”. ¡Qué audacia! ¡Qué derroche de empatía! Te fundís, hermano, pero no te preocupes: anótate en un taller de resiliencia empresaria que con eso pagás los sueldos a fin de mes.

Domingo Amaya, suele ser muy generosos con el Ente de Turismo, otorgando subsidios a estos dirigentes de salón.
Pero vamos a los bifes. Porque la zaraza discursiva de la “reinvención” y las charlas magistrales esconde un engranaje mucho más lucrativo.
¿De qué vive el aparato?
¿A dónde van a parar los fondos? Ahí la bruma se vuelve espesa, y aparecen los nombres de siempre, esos que manejan la caja con la discreción de un prestamista de mafia calabresa: la famosa Fundafet (Fundación de la Federación Económica de Tucumán).
Según la liturgia de la cúpula, la fundación está para “dictar charlas”. ¡Mire qué nobleza! Un despliegue intelectual infatigable para explicarle al verdulero que se queda sin stock cómo hacer un powerpoint. Mientras tanto, por esa ventanilla cruzan chorros de dinero que solo unos pocos iluminados —digamos, el mandamás de turno y su inseparable socio en las sombras, Héctor Viñuales— conocen a ciencia cierta. Fondos, convenios y recursos que orbitan en una galaxia paralela donde la crisis de la calle jamás entra en el presupuesto.

La situación de los comercios es caótica. La FET, inactiva.
Y acá es donde hay que desempolvar los papeles y ponerlos frente al espejo de su propio Estatuto. Porque resulta que la FET no es una ONG de autoayuda ni una productora de eventos corporativos subvencionados. Su propio Preámbulo y el Artículo 3º son claros como agua de vertiente: la entidad se debe exclusivamente a las empresas privadas y tiene la obligación imperativa de procurar mejoras económicas, defender el bolsillo del comerciante, incidir en el abaratamiento de costos y pelear contra la presión fiscal asfixiante.

¿Dónde dice el estatuto que la función gremial se agota en alquilar un salón para aplaudirse entre amigos? ¿En qué artículo se faculta a la dirigencia a mirar para otro lado mientras el comercio minorista se desangra?
El Estatuto de la FET exige de sus directivos una «posición altiva» en defensa de la entidad. Pero de altiva esa postura no tiene nada; es, cuanto mucho, cómplice y silenciosa frente al ajuste que destruye a las bases. Utilizar una estructura gremial histórica como plataforma de lanzamiento para negocios propios, amigos políticos, fundaciones pantalla y congresos decorativos mientras la provincia se queda sin tejido productivo es una tomada de pelo de dimensiones cósmicas.

Osvaldo Jaldo, el amigo favorito de la casa FET
Los dirigentes de la FET se comportan como terratenientes de feudalismo chico: cobran los réditos de la representación, administran con opacidad los dineros que entran por izquierda y por derecha, y te mandan a «reinventarte» cuando el barco hace agua por todos lados.

La Casa FET en estado de derrumbe.
¡Despierta Tucumán! La crisis no es una fatalidad climática: es el resultado de gestiones que usan los sillones gremiales para hacer caja propia mientras el comerciante de carne y hueso se queda en la calle. A estos muchachos no les preocupa que te fundas. Les preocupa que se les cierre la canilla.



