
Mientras los pasillos del Ministerio Público Fiscal resuenan con el nombre de Soledad Deza para un cargo de defensora de dicho Ministerio, una sombra de duda se proyecta sobre la legitimidad de su trayectoria. Lo que para algunos es la coronación de una carrera en el «feminismo jurídico», para otros es la confirmación de un fenómeno creciente en Tucumán: el feminismo de élite, una estructura donde el activismo parece ser una empresa familiar con oficinas en el centro y la vista puesta en el Estado.
El informe de gestión 2025 de la Fundación Mujeres x Mujeres (MxM) presenta una narrativa de éxitos internacionales y litigios de alto perfil. Sin embargo, detrás de las luces de la película «Belén» y los foros en Bogotá, emerge una estructura administrativa que cruza los límites de la ética institucional.

Soledad Deza junto a su hija Florencia Sabate es la heredera del Imperio “feminista” MxM
La designación de su hija, Florencia Sabaté, como coordinadora de la fundación y pieza clave en proyectos territoriales, ha encendido las alarmas sobre el nepotismo dentro de los espacios que dicen luchar por la igualdad.

Alberto Lebbos y una fuerte crítica a Deza por no asumir rol de querellante y cooptar a su nieta la hija asesinada Paulina.
A esta endogamia se suman las duras críticas de figuras como Alberto Lebbos, quien ha cuestionado públicamente la forma en que estas organizaciones «cooptan» causas sensibles. Ante las acusaciones de utilizar casos para la proyección personal, Deza ha tenido que defenderse alegando que «no cooptamos», sino que «escuchamos» a las víctimas. No obstante, para muchos familiares de víctimas, esta escucha parece ser selectiva y condicionada a la visibilidad mediática del caso.

El Femicidio de Paulina Lebbos y el cuestionado rol de la abogada Deza en el juicio por el padre de la víctima Alberto Lebbos.
La crítica más feroz que emana de los barrios tucumanos es la ausencia de MxM en la calle. Mientras otras organizaciones acompañan a familiares de víctimas de femicidio en marchas bajo el sol, la estrategia de Deza y Sabaté parece reducirse a, Querellas de «Alto Impacto».
La fundación se constituye como querellante solo cuando el caso permite alimentar su narrativa de «justicia reproductiva», dejando en la orfandad jurídica a cientos de mujeres cuyas tragedias no encajan en su agenda académica.

Feminismo de autorrepresentación: El despliegue escénico de Soledad Deza en una pieza autorreferencial, diseñada como un ejercicio de autocelebración y reafirmación de su propia imagen.
Una fuerte inversión en contenidos para Instagram y plataformas de streaming que parecen buscar más el aplauso internacional que la solución a la emergencia local.
Feminismo de Salón con un enfoque centrado en publicaciones editoriales y «monitoreos» en otras provincias, mientras en Tucumán se les cuestiona la falta de acompañamiento real «cuerpo a cuerpo».

¿Deza : ¿Defensora de quién? Es el interrogante de su posible llegada de Deza al Ministerio Público Fiscal. En un organismo que debe garantizar el acceso a la justicia de los sectores más vulnerables, el perfil de una dirigente que ha construido un feudo familiar en la sociedad civil resulta, cuanto menos, polémico.
El feminismo de élite no es solo una cuestión de clase; es una cuestión de método. Es el uso de causas sociales legítimas como plataforma de ascenso personal y colocación de parientes. En Tucumán, donde las instituciones ya sufren de una endogamia crónica, el desembarco de esta estructura en el Poder Judicial podría no ser el avance que las mujeres esperan, sino la consolidación de una nueva casta que usa el activismo como credencial de acceso al presupuesto estatal.

La heredera de MxM, Florencia Sabate, ultra feminista y defensora del aborto.
La pregunta que queda en el aire es: si MxM no pudo abrir sus puertas a otras mujeres sin apellido en su propia coordinación, ¿qué garantías hay de que el Ministerio Público no se convierta en otra sucursal de sus intereses privados?



