
La reciente cobertura del diario El Tucumano, cuyo responsable es Julio Valenzuela, sobre la capacitación de funcionarios tucumanos a cargo de expertos de Israel ha cruzado una línea peligrosa. Bajo el pretexto de informar sobre la seguridad local, el medio ha desplegado una narrativa cargada de prejuicios que, analizada en profundidad, no es otra cosa que antisemitismo moderno camuflado de progresismo social.

¿Por qué el escándalo?
Israel es un referente mundial en tecnología, resiliencia y protección ciudadana. Israel un pueblo que ha hecho de la defensa de la vida una ciencia exacta. Sin embargo, para medio periodístico El Tucumano, esta excelencia parece ser un problema.

Al cuestionar la idoneidad de estos entrenadores basándose únicamente en su origen nacional, el diario incurre en un doble estándar discriminatorio.
No vemos artículos alarmistas cuando la cooperación técnica proviene de potencias con historiales de derechos humanos verdaderamente cuestionables; el ensañamiento es, sistemáticamente, contra el Estado Judío. Sin ir más lejos Tucumán es una provincia con alarmantes casos de tortura observados por ONU, con cárceles que son depósitos humanos y guarda silencio.

Naciones Unidas ya observa con horror a Tucumán
La mayoría de las tecnologías de seguridad modernas (GPS, comunicaciones, drones) tienen origen militar o de defensa en diversos países (EE. UU., Francia, China). Sin embargo, el medio solo etiqueta como «amenazante» o «bélica» a la tecnología de origen israelí, buscando generar un miedo infundado en el lector basado en la nacionalidad del prestador.
El artículo de El Tucumano intenta sembrar sospechas sobre el modelo de control y seguridad, sugiriendo que la formación israelí es «peligrosa» para la población civil.
Esta premisa es profundamente antisemita por razones claras, como ignorar la capacidad técnica poniendo foco en el origen, tratando la identidad israelí como algo contaminante.
Tambien, asocia el conocimiento en seguridad de Israel con la opresión, ignorando que es el país que más ha desarrollado protocolos para salvar vidas en contextos urbanos complejos.
Al publicar con ese sesgo, el diario valida a los sectores más intolerantes de nuestra sociedad, dándoles una plataforma «periodística» para expresar su odio hacia el sionismo y, por extensión, hacia la comunidad judía.

Desmontando la Retórica del Miedo: Estrategias interinstitucionales desde el ámbito local”, se denomina la capacitación de alto nivel organizada por la Agencia Israelí de Cooperación Internacional para el Desarrollo del Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país. Viajaron para representar a la ciudad la subsecretaria de Seguridad Ciudadana, Mariela Cortez, y el titular de la PPC, Rolando Gómez.
La seguridad de los tucumanos debería estar por encima de las agendas ideológicas. Atacar un convenio que busca profesionalizar a nuestra guardia urbana con los mejores estándares del mundo es un acto de irresponsabilidad civil. Pero hacerlo señalando con el dedo a Israel es, lisa y llanamente, alimentar la discriminación.
Oponerse a que Israel comparta su conocimiento para proteger a los ciudadanos de Tucumán no es defensa de los derechos humanos; es la manifestación de un sesgo discriminatorio que el periodismo serio no debería tolerar.
El Tucumano debe rendir cuentas por la reiterada narrativa que promueve. La crítica es legítima en democracia, pero la estigmatización de una nación y su pueblo bajo tropos de sospecha y oscuridad es la definición de manual del nuevo antisemitismo.
Tucumán merece una fuerza de seguridad capacitada y un periodismo que no use su tinta para derramar prejuicios.




