
En los últimos años, el panorama político en Tucumán ha sido testigo de una transformación significativa.
La acción solidaria, ese pilar que solía ser fundamental en la construcción de un vínculo genuino entre políticos y ciudadanos, se ha visto relegada a un segundo plano.
La creciente popularidad de las redes sociales ha permitido que algunos referentes se expresen y sean escuchados, pero esta práctica, lejos de contribuir al bienestar social, parece haberse convertido en un juego mediático que se aleja de los verdaderos problemas que enfrenta la población.
Los actores políticos, tanto los veteranamente conocidos como aquellos que se autodenominan como «nuevos referentes», han utilizado su influencia en plataformas digitales para difundir opiniones incendiarias y polémicas.
Sin embargo, sorprende que muchos de estos personajes nunca han estado presentes en los momentos críticos que ha vivido Tucumán.
Desde las devastadoras inundaciones de 2017 en Lamadrid hasta la crisis climática actual, la acción tangible ha brillado por su ausencia.
En lugar de unirse a la ciudadanía para ofrecer ayuda y mostrar solidaridad, estos políticos parecen preferir el «fuego amigo», un fenómeno donde los ataques virtuales reemplazan el compromiso y la responsabilidad social.
Este fenómeno es especialmente preocupante en un contexto donde se han vivido situaciones catastróficas año tras año, desde que el presidente Carlos Menem visitara la provincia en helicóptero en la década de los 90 hasta el presente.
¿Dónde están esos nuevos líderes cuando las comunidades claman por ayuda?
Más preocupante aún es el hecho de que no se trata únicamente de figuras de un lado del espectro político; la crítica se extiende a varias facciones, libertarios y peronistas por igual, todos envueltos en una lucha por el poder que parece ignorar el sufrimiento del pueblo.
El debilitamiento del liderazgo político en Tucumán es notorio. La falta de asesoramiento, planificación y acción concreta está llevando a un vacío en la gestión pública.
Es fundamental que quienes ostentan responsabilidades en el manejo de la cosa pública respondan a las críticas no solo con palabras vacías, sino con acciones que reflejen un verdadero compromiso con sus electores.
Como afirmaba Aristóteles, y reiteró Juan Domingo Perón: «La única verdad es la realidad».
Y la realidad en Tucumán es clara: los ciudadanos enfrentan problemas como calles en mal estado, basurales insalubres y obras fundamentales que nunca se concretan.

Las anteriores administraciones lideradas por figuras como Juan Manzur o José Alperovich, se enfrentan a críticas que son indefendibles.
La ausencia de progresos visibles y la incapacidad para abordar las quejas legítimas de la población han sembrado un clima de desconfianza.
La respuesta a esta crisis de confianza no puede ser la confrontación en redes sociales.
La única solución válida es una acción política real, fuerte y directa.
Una acción que no solo contemple la retórica, sino que esté respaldada por resultados concretos y evidentes.
Los políticos deben recordar que su momento de brillar no se encuentra detrás de una pantalla, sino en la calle, compartiendo con la gente, escuchando sus preocupaciones y actuando en consecuencia.
Tucumán necesita urgentemente un despertar en su acción política, un regreso a la esencia del liderazgo y es la solidaridad y la acción concreta la única forma de revertir la desconfianza y el desencanto ciudadano es a través de una auténtica acción que demuestre que, más allá de las redes sociales, existe un compromiso inquebrantable con el bienestar de la comunidad.
En el teatro político actual, los aplausos se ganan en el terreno, no en el ciberespacio.
El verdadero liderazgo requiere caminar junto a la gente, en lugar de simplemente disparar palabras desde la distancia.
Por último, viene a mi recuerdo el consejo que supo darme mi abuelo Benjamín Aydar cuando yo tenía 12 años.
El hombre gaucho del interior supo decirme:




