La contaminación del aire supera hasta siete veces los niveles recomendados por la OMS durante la zafra. Las quemas de caña y de residuos agrícolas están entre las principales causas señaladas por los investigadores. Mientras la ciencia advierte sobre el impacto en la salud, crece el reclamo por controles y sanciones efectivas.
Los tucumanos respiran un aire que puede reducir su esperanza de vida hasta dos años y medio. La advertencia surge de una investigación científica que identificó niveles de contaminación atmosférica hasta siete veces superiores a los recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) durante los meses de zafra, entre mayo y octubre.
Los resultados se presentarán en el foro “Tucumán Respira”, organizado por la Fundación Meta. Los datos vuelven a poner en el centro del debate las quemas agrícolas, especialmente las de caña de azúcar, una práctica que La Pluma Viral ya denunció por sus consecuencias ambientales y sanitarias.
La quema de caña, bajo la lupa
La investigación señala a las quemas agrícolas como una de las principales fuentes de contaminación. Según Francisco de Rosa, presidente de la Fundación Meta, en Tucumán se quema entre el 10% y el 20% de las aproximadamente 260.000 hectáreas de caña de azúcar.
El especialista explicó que muchos pequeños productores recurren al fuego porque no cuentan con cosechadoras. Una alternativa, sostuvo, sería que los ingenios facilitaran equipos para avanzar hacia una cosecha sin quema.
El problema no termina en los cañaverales. La quema de restos de poda y otros residuos de la producción citrícola también genera preocupación entre los investigadores, que buscan determinar su impacto sobre la calidad del aire.
El dato es contundente: durante la zafra, la contaminación puede alcanzar siete veces los niveles recomendados por la OMS. En una provincia donde miles de personas conviven cada año con el humo, la necesidad de prevenir las quemas y controlar las emisiones se vuelve urgente.
Miles de chicos, afectados por problemas respiratorios
El equipo médico también detectó un aumento de los síntomas respiratorios en unos 2.000 niños de entre 7 y 11 años que asisten a distintas escuelas de la provincia. Los investigadores relacionaron esos resultados con las mediciones de la calidad del aire obtenidas mediante una red de sensores distribuidos en Tucumán.
La investigación reunió a especialistas de distintas disciplinas y permitió cruzar información sanitaria con registros ambientales. El trabajo recibió un reconocimiento durante el 52.º Congreso Argentino de Medicina Respiratoria, realizado en noviembre de 2024.
Participaron los neumólogos Héctor Altieri y Roque Baldasaria; Juan Carlos Santos y Rodrigo Marañón, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT); y los investigadores Aída Ben Altabef, Rodrigo Gibilisco y María Marta Sáez, vinculados a instituciones científicas de la provincia.
La red de monitoreo fue coordinada por el Laboratorio de Estudios Ambientales (LEA), la Fundación Breathe2Change y la Subsecretaría de Medio Ambiente de Tucumán, dependiente del Ministerio de Producción provincial.
El humo no proviene solamente de la caña
Los investigadores identificaron otras dos fuentes importantes de contaminación: las quemas de pastizales en banquinas y caminos, y la quema domiciliaria de basura.
De Rosa advirtió que los fuegos en las banquinas, realizados por organismos viales y otras jurisdicciones, pueden superar en superficie a las quemas agrícolas. Además, cuando se descontrolan, amenazan cultivos, bosques, viviendas, vehículos y redes eléctricas.
La quema de residuos domiciliarios representa otro riesgo. Hojas, ramas, plásticos y basura generan emisiones que pueden resultar perjudiciales para la salud, especialmente cuando se acumulan en zonas urbanas.
El presidente de Meta planteó tres herramientas para enfrentar el problema: educación ambiental, controles y sanciones. Sin embargo, remarcó que las campañas de concientización no alcanzan si las autoridades no fiscalizan y hacen cumplir las normas.
Una advertencia que exige respuestas del Gobierno
La geografía tucumana también agrava la situación. Según los especialistas, las cadenas montañosas dificultan la circulación del aire y favorecen la acumulación de contaminantes. La capital provincial, por su ubicación, puede sufrir especialmente ese efecto.
La investigación también pone el foco en la desigualdad social. Los pequeños productores con menos recursos enfrentan mayores dificultades para acceder a maquinaria que permita cosechar sin quemar, mientras que las poblaciones expuestas al humo deben afrontar las consecuencias ambientales y sanitarias.
El desafío requiere medidas concretas: alternativas accesibles para la cosecha de caña, prevención de incendios, monitoreo permanente de la calidad del aire y sanciones efectivas ante las quemas ilegales.
Tucumán no puede naturalizar que cada zafra llegue acompañada de humo y contaminación. Si los estudios advierten sobre el deterioro de la calidad del aire y sus posibles consecuencias para la salud, el Gobierno provincial debe explicar qué controles realiza, qué sanciones aplica y qué medidas impulsa para reducir las quemas.
La advertencia científica vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuánto tiempo más tendrán que respirar humo los tucumanos antes de que la prevención y los controles sean una prioridad.




