El 65% de las muertes en siniestros viales son por motos

El reciente informe del Sistema de Alerta Temprana (SAT) del Ministerio de Seguridad de la Nación expone una realidad alarmante para la seguridad vial en Tucumán: pese a una leve reducción interanual del 7,37% en víctimas fatales entre 2023 y 2024, la provincia continúa siendo el foco de una crisis sanitaria y de gestión pública en el NOA.

Con 233 muertes viales registradas en 2024, Tucumán no solo lidera en términos absolutos frente a jurisdicciones vecinas como Salta (140), Santiago del Estero (152) y Jujuy (91), sino que presenta una tasa de mortalidad de 13,1 cada 100.000 habitantes, colocando a la provincia entre las cuatro más mortíferas del país.

El informe muestra que el 64,8% de las víctimas fatales en Tucumán circulaban en motocicleta o ciclomotor, muy por encima de la media nacional (46,7%).

Ese porcentaje no es un dato estadístico neutro: refleja una mezcla letal de vulnerabilidad vehicular, falta de controles, precariedad en la infraestructura y una respuesta institucional insuficiente para proteger a quienes usan las dos ruedas como medio habitual de transporte.

Algunos elementos del diagnóstico que exigen intervención urgente:

Perfil demográfico: la mayor parte de las víctimas son varones jóvenes (el grupo de 20 a 34 años concentra el 32,2% de los fallecidos a nivel nacional). Esto enfatiza la pérdida de capital humano y productivo en etapas centrales de la vida laboral.

Temporalidad y condiciones: casi la mitad de los siniestros ocurre en horario nocturno y un 41,2% en fines de semana, momentos en los que la combinación de menor visibilidad, fatiga, consumo de alcohol y menor presencia de controles incrementa la letalidad.
Tipo de vías y modos: la calle urbana es escenario del 35,8% de las muertes y las colisiones vehículo contra vehículo explican más de la mitad de los decesos. Estas cifras apuntan tanto a deficiencias en el diseño urbano y señalización como a conductas viales riesgosas y escasa fiscalización.

Lesiones no fatales: aunque las lesiones culposas disminuyeron un 14,5% (4.609 casos en 2024), la magnitud del daño sigue siendo elevada y exige políticas preventivas integrales.
La respuesta oficial debe ser contundente y orientada a resultados medibles. Más allá de la validez técnica del SAT —herramienta valiosa y homologada por procesos evaluados por la UNODC—, la lectura que deben hacer las autoridades provinciales es clara: no alcanza con celebrar una baja porcentual menor; la prioridad debe ser reducir drásticamente la exposición y la letalidad de quienes circulan en moto y recuperar la seguridad vial como política pública integral.

Propuestas urgentes y concretas que el Estado provincial debe implementar sin dilaciones:
Operativos de control focalizados y permanentes: casco reglamentario, documentación y límites de velocidad, con especial énfasis en horarios nocturnos y fines de semana.
Capacitación y formación obligatoria para conductores de motovehículos, vinculada a la renovación de licencias y con programas específicos para jóvenes.
Intervenciones en infraestructura: priorizar la reparación y señalización de calles urbanas de mayor siniestralidad, crear superficies y rutas seguras para motos y mejorar la iluminación pública.

Políticas de acceso a la movilidad segura: incentivos para la adquisición de elementos de protección homologados y programas de financiación para motocicletas con mejores estándares de seguridad.

Campañas sostenidas de comunicación y prevención dirigidas a los grupos de mayor riesgo, coordinadas con municipios, universidades y empresas.

Monitoreo y evaluación transparente: utilizar los datos del SAT para fijar metas anuales claras y publicar reportes de avance accesibles a la ciudadanía.

No es suficiente remitirse a la técnico-administración de datos

La sociedad tucumana exige y merece políticas públicas decididas que traduzcan la información en acciones que salven vidas. La reducción del 7,37% es un dato positivo, pero irrelevante si la provincia sigue liderando en números absolutos y porcentajes de víctimas motorizadas. Sin una reacción institucional firme, continuaremos viendo cómo jóvenes y trabajadores siguen pagando con su vida la falta de prioridades en la agenda pública.