
Mientras las protestas se multiplican y las boletas continúan asfixiando los bolsillos de los hogares tucumanos, el ERSEPT se consolida como un refugio político ajeno al sufrimiento social. La distancia entre el expediente administrativo y la desesperación de quedar a oscuras es, hoy, un abismo insostenible.
Las pancartas se bajaron, la marcha de las velas quedó atrás y los reclamos formales se ya están en los escritorios oficiales. Sin embargo, en los hogares de Tucumán la realidad sigue siendo exactamente la misma: el dinero no alcanza para pagar las facturas de luz. Entre la promesa de una solución institucional y la crudeza de vivir con la soga al cuello, hay un trecho de desesperación.
El drama cotidiano frente a la indiferencia oficial
Los días pasan y el impacto de los sucesivos incrementos tarifarios golpea sin piedad a trabajadores, jubilados y familias de distintos puntos de la provincia. Los vecinos ya no debaten sobre porcentajes abstractos; debaten sobre una estrategia: cómo juntar peso a peso para evitar que EDET ejecute el corte del suministro eléctrico.
Las protestas ciudadanas visibilizaron el descontento generalizado, pero quienes deberían erigirse como los firmes defensores de los derechos de los usuarios parecen mirar hacia otro lado, insensibles ante una crisis que no da tregua.
ERSEPT: ¿Control regulatorio o refugio político?
En el centro de las críticas se encuentra nuevamente el Ente Único Regulador de Servicios Públicos de Tucumán (ERSEPT). Conducido por Eduardo Cobos, el organismo de control se convirtió, en los hechos, en un espacio de contención política —un auténtico «aguantadero»— antes que en un ente dinámico de protección ciudadana.
Lejos de frenar el impacto de los tarifazos o interceder de manera activa por los sectores vulnerables, la administración del ente se refugia en tecnicismos y normativas que desoyen el reclamo popular. Las sucesivas subas autorizadas demuestran una total desconexión con la capacidad contributiva real de los tucumanos, dejando a la ciudadanía a merced de facturas impagables.
Del expediente a la oscuridad
La brecha entre la burocracia estatal y la calle es alarmante. Mientras los funcionarios evalúan planillas desde los despachos, los vecinos transitan el suplicio de ver una boleta impagable. La falta de respuestas empuja a los usuarios a un callejón sin salida donde el corte de energía ya no es una amenaza lejana, sino una consecuencia inminente.
La problemática de la energía en Tucumán no es nueva, pero el agotamiento social llegó a un límite crítico. Es hoy una urgente crisis de supervivencia social.



