
Por Redacción Central La Pluma Viral
Buenas noches. O buenos días, según a qué hora le llegue el tarifazo de EDET que lo deja a usted temblando cada vez que llega el cartero.
Hay que tener caradurez, eh. Hay que tener una cara de piedra tremenda para pararse hoy frente a los tucumanos con el ceño fruncido, golpearse el pecho y hacerse el indignado por la factura de la luz. Y el que se anota en el primer puesto de este concurso de cinismo es el legislador Ricardo Bussi.
Sí, leyó bien. El hombre de Fuerza Republicana salió a agitar las banderas de la «emergencia tarifaria», a gritar contra los impuestos, a rasgarse las vestiduras como si fuera un Robin Hood del subdesarrollo. Pero pará un poco, Ricardo. Vamos a los papeles, vamos a la historia, no nos tomes por estúpidos.

Palito Ortega firmo para crear un monopolio por noventa años.
Porque resulta que la pesadilla de los 580.000 usuarios que hoy pagan una fortuna por un servicio que se corta cuando una paloma vuela bajo, no nació ayer. Esto viene de lejos.
En junio de 1995, Ramón «Palito» Ortega firmó el papelito feliz entregando el 51% de EDET a un consorcio y metiendo un contrato de concesión por la bicoca de 90 años. Una locura. Pero la verdadera magia negra, el blindaje de ese curro, vino después.

Gobernador Domingo Bussi, padre de Ricardito, consolido el fraude a los ciudadanos en el pago de la energía eléctrica.
¿Y sabe quién gobernaba entre 1995 y 1999? ¿Sabe de quién es apellido el señor que hoy grita en la Legislatura? Exacto. Antonio Domingo Bussi, el papá.
Cuando el general asumió la gobernación, en vez de revisar la trampa o defender el bolsillo de la gente, se convirtió en el jefe de seguridad del negocio.

Históricamente Bussi en muy buena relación con los Menem.
¿Qué hizo el bussismo? Centralizó todo, intervino los entes de control y los mandó a dormir la siesta, subordinando cualquier multa a EDET a los negociados de la zafra y a la comodidad de los amigos del poder. El andamiaje jurídico que hoy te chupa la sangre en cada boleta tiene los ladrillos y el cemento del apellido Bussi. ¡Y ahora resulta que el hijo se nos vuelve antisistema! Es como si el pirata de un barco te robara la billetera y el hijo te vendiera el mapa para buscarla.

¿En qué se transformó Ricardo Bussi? Del legado de Domingo Bussi y la intervención de los entes provinciales a erigirse como un ideólogo y defensor de la revolución guevarista.
¿Qué propone el cruzado Ricardo para solucionar el desastre? Recortar Ingresos Brutos, prohibir tasas municipales en la boleta. Mire qué piola. Es un ibuprofeno de dos pesos para curar una gangrena.
Porque con esa maniobra demagógica, el legislador esquiva olímpicamente lo importante: la legitimidad de un contrato privatizado que dura casi un siglo, la falta total de inversiones de la empresa y los costos siderales que nos hacen pagar a todos nosotros por las ineficiencias de los vivos de siempre, por el fraude, por las conexiones clandestinas que nadie controla.
Te sacan un impuestito provincial para la tribuna, te arman el discursito emotivo en la tele, pero te dejan intacto el monopolio monopólico que su propia familia se ocupó de blindar y alimentar con plata ajena.

La República de la desmemoria. Lo último que le falta a Ricardito Bussi es olvidar que su padre Domingo Antonio Bussi y Leopoldo Fortunato Galtieri actuaron en la última dictadura que termino con la perdida de las Islas Malvinas para la Argentina y muchos soldados argentinos muertos.
La política tucumana a veces da vergüenza ajena. Ver a los herederos directos de los que entregaron la soberanía y luego en democracia los servicios públicos -en los noventa-, disfrazados hoy de revolucionarios justicieros, es una falta de respeto al ciudadano común.

Revolución energética: cuando las ansias de poder te transforman en el Che Guevara. Foto ilustrativa IA Ricardo Bussi mostrando el aumento de la boleta de EDET junto a la foto del Che Guevara.
Ricardo Bussi padece una amnesia galopante. Se olvida de quiénes son los padres del monstruo que hoy muerde los codos de los tucumanos y uno de ellos es su propio padre Domingo Antonio Bussi. Mientras la gente hace malabares para pagar la luz, el show continúa: los mismos que armaron la fiesta te cobran la entrada y después te hacen piquete en la puerta para culpar al mozo.
Una vergüenza nacional. O, mejor dicho, provincial.



