De los líquidos cloacales al caño seco: el calvario al que Caponio somete a los tucumanos.

En barrios como San Cayetano, abrir la canilla es un ejercicio inútil.

Canillas sin una gota, calles inundadas de cloacas y juicios millonarios: la insoportable realidad que la SAT impone a los vecinos mientras el abandono se vuelve insostenible.

El abandono institucional en San Miguel de Tucumán llegó a un límite intolerable.

Los vecinos, hartos de vivir entre el peligro sanitario y la desidia estatal, sufren una paradoja tan cruel como indignante: canillas completamente secas y calles convertidas en ríos de líquidos cloacales.

Esta problemática estructural, denunciada sistemáticamente desde La Pluma Viral, desnuda el colapso total de los servicios básicos elementales.

En barrios como San Cayetano, abrir la canilla es un ejercicio inútil, mientras puertas afuera las calles se inundan de líquidos cloacales.

Pero la ineficiencia tiene una contracara feroz a la hora de recaudar. La gestión de la SAT, bajo la conducción de Marcelo Caponio, demuestra una rapidez implacable para castigar el bolsillo de los ciudadanos.

El negociado del grifo seco

La empresa estatal castiga con cortes de suministro a familias que ni siquiera reciben agua potable.
En lugar de invertir en obras de infraestructura y saneamiento, la SAT prioriza las demandas judiciales, aplicando altísimos e insólitos honorarios legales para regularizar deudas avalados por la propia gestión.

La gente está harta de vivir entre líquidos cloacales y sin una gota de agua potable. Los tucumanos necesitan vivir dignamente. 

 El cansancio de reclamar la situación tiene indignados a los vecinos, y como declara el señor gobernador, Osvaldo Jaldo: «la gente ya no come vidrio»