
A pocos días de las elecciones legislativas, la economía real atraviesa una situación delicada, con varios sectores clave en un escenario igual o peor al registrado durante el año pasado, momento del «mayor ajuste de la historia», en palabras del propio Gobierno. En este sentido, si bien hay rubros que exhiben mejoras, no alcanzan para compensar la situación del resto, golpeada por la caída del consumo, la volatilidad cambiaria y el incremento de las importaciones.
«La actividad económica en Argentina llega a las elecciones estancada», sintetizó en diálogo con Ámbito el economista y director del centro de estudios Orlando Ferreres, Fausto Spotorno. En su opinión, la economía «ha llegado a un punto máximo que no está pudiendo superar». Y ahondó: «Es el mismo nivel que no se pudo superar en 2022, 2017, 2013 y 2011. Ahí tenemos un techo».
Según el último dato del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Indec, la economía cayó 0,1% mensual en julio, mientras que diferentes estimaciones privadas y sectoriales plantean un escenario de recesión. Por caso, PulsoPBA arrojó una caída de 1,8% durante el tercer trimestre, neutralizando el aumento observado durante el segundo trimestre del año.
Sin embargo, para Spotorno la situación actual «tiene algunas particularidades» respecto a otros momentos del pasado. En su opinión, el freno en la actividad «no ha sido homogéneo» debido a que «hay sectores que efectivamente han logrado crecer, como minería, agro, petróleo y gas, mientras que otros siguen estancados o frenados, como puede ser el sector de la construcción o la industria».
Consumo, comercio e importaciones
Spotorno consideró que el comercio «viene golpeado» producto de los escenarios en la construcción, pero sobre todo en la industria, factor al que le agregó «un cambio en los precios relativos que altera completamente la estructura de gasto de los hogares».
En este sentido, las ventas minoristas pyme descendieron 4,2% interanual en septiembre y un 2% en la medición mensual, aunque se mantienen 5% por encima del acumulado del año pasado, según la CAME. «Traza una trayectoria que comienza en crisis, transita por una fugaz recuperación y termina nuevamente en caída, evidenciando la fragilidad estructural de la demanda interna», opinaron desde Vectorial sobre el dato.
En este sentido, subrayaron que «mientras la producción local se contrae y el consumo minorista cae, las importaciones experimentan un crecimiento significativo en rubros vinculados a bienes finales», lo cual deriva en un «círculo vicioso» para la economía. «Menor producción local genera desempleo y caída de ingresos, lo que a su vez reduce la demanda de productos nacionales y refuerza la opción por importaciones», concluyeron.



