Cuando detrás de cada cifra existe un adolescente, un joven, una familia destruida y una comunidad que se pregunta qué pudo haber hecho antes, la información deja de ser una tabla estadística para convertirse en una alarma social.
Y en Catamarca esa alarma está encendida.
Un reciente informe sobre mortalidad de niños, niñas y adolescentes, elaborado sobre la base de datos oficiales de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud, reveló un dato estremecedor: durante 2024 Catamarca registró la tasa más alta de mortalidad por suicidio entre adolescentes de 15 a 19 años de todas las jurisdicciones argentinas: 26 muertes por cada 100.000 adolescentes de ese grupo etario. (Sociedad Argentina de Pediatría)
No es un dato menor.
No debería convertirse en una batalla partidaria.
Y mucho menos debería naturalizarse.
Es una señal que obliga a preguntarse qué está sucediendo con los jóvenes catamarqueños.
26 SUICIDIOS CADA 100.000 ADOLESCENTES: CATAMARCA ENCABEZÓ EL PAÍS
Durante 2024 se registraron en Argentina 294 suicidios entre adolescentes de 15 a 19 años.
Pero la distribución territorial fue profundamente desigual.
Catamarca encabezó el país con 26 suicidios cada 100.000 adolescentes de 15 a 19 años, mientras que la provincia de Buenos Aires registró 3,1 cada 100.000 dentro de ese mismo grupo de edad. (Sociedad Argentina de Pediatría)
La diferencia es enorme.
El propio informe advierte, además, que las jurisdicciones agrupadas dentro de los niveles más altos de mortalidad por suicidio adolescente presentan también una mayor proporción de hogares con necesidades básicas insatisfechas. (Sociedad Argentina de Pediatría)
Esto no significa que la pobreza produzca automáticamente suicidios.
El suicidio es un fenómeno complejo y multicausal en el que pueden intervenir sufrimiento psíquico, aislamiento, violencia, consumo problemático de sustancias, conflictos familiares o afectivos, experiencias traumáticas, discriminación, problemas económicos y dificultades para acceder oportunamente a asistencia profesional.
El Ministerio de Salud de la Nación sostiene expresamente que el suicidio puede prevenirse y requiere un abordaje integral. (Argentina)
Pero desconocer el contexto social tampoco sería responsable.
ARGENTINA: MÁS DE 4.200 SUICIDIOS EN UN AÑO
El problema excede largamente a Catamarca.
El Sistema Nacional de Información Criminal contabilizó 4.249 víctimas de suicidio durante 2024 en Argentina, con una tasa nacional de 9,8 por cada 100.000 habitantes. El 80,5% de las víctimas registradas fueron varones. (Argentina)
El Ministerio de Salud también viene advirtiendo sobre la situación de adolescentes y jóvenes: en la vigilancia de intentos de suicidio, las tasas más elevadas se concentraron durante 2025 precisamente entre los 15 y los 24 años. (Argentina)
Estamos, por lo tanto, ante un problema sanitario y social de enorme dimensión.
Pero Catamarca presenta características que obligan a profundizar el análisis.
CATAMARCA: 35,7% DE POBREZA EN EL GRAN CATAMARCA
El último informe disponible del INDEC sobre pobreza, correspondiente al segundo semestre de 2025, mostró que en el Gran Catamarca el 35,7% de las personas se encontraba debajo de la línea de pobreza.
Representaban aproximadamente 84.379 personas.
La indigencia alcanzaba al 4,6% de la población, unas 10.808 personas. (INDEC)
El dato adquiere una dimensión todavía mayor cuando se realiza la comparación.
En ese mismo período, la pobreza alcanzaba al 28,2% de las personas en el conjunto de los 31 aglomerados urbanos relevados por el INDEC y al 28,4% en la región Noroeste. Gran Catamarca se encontraba, por lo tanto, sensiblemente por encima de ambos registros. (INDEC)
Eso significa familias que llegan con dificultad a fin de mes.
Significa jóvenes que terminan el secundario y no encuentran trabajo.
Significa dependencia económica.
Significa frustración.
Significa padres que no pueden sostener estudios universitarios de sus hijos.
Significa chicos obligados a abandonar proyectos.
Significa, muchas veces, la sensación de que para progresar hay que irse.
Y allí aparece una pregunta incómoda:
¿QUÉ FUTURO LE ESTÁ OFRECIENDO CATAMARCA A SUS JÓVENES?
EL SUICIDIO NO TIENE UNA SOLA CAUSA
Sería irresponsable afirmar que un joven se suicida por pobreza, corrupción o falta de empleo.
No funciona de esa manera.
La evidencia científica describe al suicidio como un fenómeno multicausal.
La Organización Mundial de la Salud ha documentado asociaciones entre riesgo suicida y factores como desempleo, dificultades económicas, privación socioeconómica y fragmentación social, siempre dentro de un conjunto mucho más amplio de determinantes personales, familiares, sanitarios y comunitarios. (EMRO Dashboards)
Por eso, no existe evidencia que permita atribuir directamente la tasa de suicidio de Catamarca a la corrupción política o judicial.
Pero tampoco puede sostenerse que las condiciones sociales e institucionales carezcan de importancia.
Una sociedad necesita algo más que medicamentos y consultorios.
Necesita expectativas.
Necesita oportunidades.
Necesita vínculos.
Necesita instituciones creíbles.
Necesita sentir que estudiar sirve, que trabajar sirve, que denunciar sirve y que respetar la ley sirve.
¿QUÉ PASA CUANDO UN JOVEN CREE QUE SIN CONTACTOS NO HAY FUTURO?
Esta pregunta merece formar parte del debate público catamarqueño.
¿Qué ocurre en la subjetividad de una generación cuando observa que las mejores oportunidades parecen depender muchas veces del parentesco, la política, los contactos o la cercanía con quienes administran el poder?
¿Qué ocurre cuando un joven estudia durante años y después no consigue empleo?
¿Qué ocurre cuando ve enriquecimientos que considera inexplicables mientras su familia no llega a fin de mes?
¿Qué ocurre cuando percibe que existen ciudadanos con privilegios y ciudadanos que deben resignarse?
¿Qué ocurre cuando deja de creer que las instituciones son capaces de corregir las injusticias?
No podemos afirmar que esas situaciones provoquen un suicidio individual.
Pero sí corresponde investigar seriamente de qué manera la desigualdad, la ausencia de oportunidades, el desempleo juvenil, la exclusión y la pérdida de confianza institucional afectan la salud mental de los jóvenes catamarqueños.
Porque una política de prevención que solamente actúe cuando una persona ya se encuentra en una crisis extrema llega demasiado tarde.
MARÍA SOLEDAD: CUANDO CATAMARCA APRENDIÓ EL SIGNIFICADO DE “LOS HIJOS DEL PODER”
Para comprender la relación particular que Catamarca mantiene con conceptos como poder e impunidad es imposible borrar de su historia el nombre de María Soledad Morales.
Tenía apenas 17 años.
Fue asesinada en septiembre de 1990.
Su caso adquirió dimensión nacional precisamente porque aparecieron personas relacionadas familiarmente con sectores políticos, policiales y económicos de aquella Catamarca.
Después llegaron las históricas Marchas del Silencio.
La Comisión Provincial por la Memoria recuerda que durante aquella investigación se denunciaron pérdida de pruebas, presiones sobre testigos e intentos de encubrimiento. Los archivos históricos incluso registraron la fuerte influencia que ejercía entonces el poder político sobre sectores de la Policía provincial. (CPM)
La sociedad catamarqueña se rebeló.
No solamente por María Soledad.
Se rebeló contra algo mucho más profundo:
LA SENSACIÓN DE QUE EXISTÍA UNA CATAMARCA PARA LOS PODEROSOS Y OTRA PARA EL RESTO DE LOS CIUDADANOS.
Las movilizaciones terminaron convirtiendo el crimen en una crisis institucional de dimensiones nacionales. (Clarín)
Más de tres décadas después, recordar aquel episodio no significa afirmar que la Catamarca actual sea idéntica a la de 1990.
Pero sí obliga a preguntarse cuánto aprendieron sus instituciones de aquella tragedia.
JUAN CARLOS ROJAS: OTRO CRIMEN QUE SIGUE GENERANDO INTERROGANTES
El segundo episodio inevitable es mucho más reciente.
El exministro de Desarrollo Social Juan Carlos Rojas fue encontrado muerto en diciembre de 2022.
La investigación determinó inicialmente que había sufrido golpes en la cabeza y su muerte dio origen a una compleja causa penal. (infobae)
Pero en agosto de 2026 apareció un elemento particularmente grave. Una pericia informática estableció que archivos de la computadora ubicada en el despacho del exministro fueron borrados dos días después de su muerte. Como consecuencia de ello, la Fiscalía dispuso citar a 214 personas que habían prestado servicios durante aquellos días. (Telefe Noticias)
Este dato es un hecho documentado.
Otra cuestión completamente diferente es determinar quién borró esos archivos, por qué lo hizo y si aquello tenía alguna vinculación con la muerte de Rojas.
Eso todavía debe esclarecerlo la Justicia.
Y existe una pregunta todavía más delicada:
¿HABÍA DETRÁS DEL CRIMEN DE JUAN CARLOS ROJAS ALGÚN INTERÉS POLÍTICO O ECONÓMICO?
Hasta que exista prueba judicial suficiente, no corresponde afirmarlo como un hecho.
Pero investigarlo a fondo resulta indispensable.
Porque cuando muere violentamente un ministro provincial y posteriormente aparece evidencia de eliminación de información dentro de su área de gobierno, el esclarecimiento completo deja de ser solamente una cuestión familiar: pasa a ser un asunto institucional de toda Catamarca.
DE MARÍA SOLEDAD A ROJAS: EL DENOMINADOR COMÚN ES LA NECESIDAD DE CONFIAR
María Soledad Morales y Juan Carlos Rojas son hechos totalmente diferentes, ocurridos en épocas distintas y con investigaciones distintas.
No corresponde mezclarlos judicialmente.
Pero desde una perspectiva social existe un interrogante que atraviesa ambos:
¿CUÁNTO DAÑO LE PRODUCE A UNA SOCIEDAD DEJAR DE CONFIAR EN QUIENES DEBEN PROTEGERLA?
La democracia no consiste solamente en votar cada cuatro años.
También significa confiar en que un fiscal investigará independientemente del apellido del investigado.
Que un juez decidirá de acuerdo con la prueba.
Que la Policía preservará correctamente una escena.
Que un funcionario deberá explicar su patrimonio.
Que el dinero público será administrado para mejorar la vida de los ciudadanos.
Y que un joven sin apellido político tendrá las mismas oportunidades que el hijo de un poderoso.
Cuando esa confianza desaparece, aparece algo extraordinariamente peligroso:
la desesperanza.
CORRUPCIÓN, IMPUNIDAD Y SALUD MENTAL: UNA RELACIÓN QUE CATAMARCA DEBERÍA INVESTIGAR
Catamarca necesita comenzar a estudiar seriamente algo que hasta ahora prácticamente no forma parte de la discusión pública.
¿Cuánto influye la percepción de corrupción en la salud mental colectiva?
¿Cuánto pesa entre los jóvenes creer que no existen oportunidades reales de progreso?
¿Cuántos desean abandonar la provincia?
¿Cuántos jóvenes desempleados presentan cuadros de depresión o ansiedad?
¿Cuántos abandonaron estudios por motivos económicos?
¿Cuántos intentos de suicidio se producen anualmente?
¿En qué departamentos?
¿En qué edades?
¿En qué contexto socioeconómico?
¿Cuánto demora una persona en conseguir un turno con un psicólogo o un psiquiatra dentro del sistema público?
¿Cuántos profesionales existen por habitante?
¿Cuántos municipios cuentan con dispositivos permanentes de prevención?
Sin esos datos, el Estado actúa casi a ciegas.
NO ALCANZA CON CAMPAÑAS UNA VEZ AL AÑO
La respuesta tampoco puede reducirse a una fotografía institucional cada 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio.
Si Catamarca encabezó en 2024 la tasa nacional de suicidio adolescente de 15 a 19 años, la problemática debería transformarse en una verdadera política de Estado. (Sociedad Argentina de Pediatría)
Eso supone prevención dentro de escuelas y clubes.
Equipos interdisciplinarios.
Detección precoz.
Acompañamiento familiar.
Atención psicológica accesible.
Prevención de consumos problemáticos.
Programas de inserción laboral juvenil.
Becas educativas.
Espacios deportivos y culturales.
Capacitación docente.
Seguimiento posterior de quienes realizan intentos de suicidio.
Y, fundamentalmente, información pública.
CATAMARCA NECESITA SABER QUÉ ESTÁ PASANDO CON SUS HIJOS
La cifra de 26 muertes por suicidio cada 100.000 adolescentes de 15 a 19 años no puede desaparecer después de una conferencia de prensa. (Sociedad Argentina de Pediatría)
Detrás de esa estadística existen nombres. Familias, Madres, Padres, Hermanos, Compañeros de colegio, Amigos; Proyectos que nunca llegaron a cumplirse.
Y existe una responsabilidad que atraviesa todas las fuerzas políticas.
La prevención del suicidio no pertenece al oficialismo ni a la oposición.
Pertenece a toda la sociedad.
Pero quienes gobiernan tienen una obligación adicional: explicar qué están haciendo frente a semejante emergencia.
UNA PROVINCIA RICA QUE DEBE PREGUNTARSE POR QUÉ TANTOS JÓVENES NO VEN UN FUTURO
Catamarca posee minería, recursos naturales, actividad pública, universidades y enormes potencialidades económicas.
Sin embargo, en el segundo semestre de 2025 más de uno de cada tres habitantes del Gran Catamarca estaba debajo de la línea de pobreza. (INDEC)
Y un año antes la provincia había encabezado la tasa nacional de suicidio entre adolescentes de 15 a 19 años. (Sociedad Argentina de Pediatría)
No corresponde afirmar automáticamente que una cosa provoca la otra.
Pero sería igualmente irresponsable negarse a estudiarlo.
Porque la salud mental no existe aislada de la realidad en la que vive una persona.
La falta de oportunidades importa.
La pobreza importa.
La violencia importa.
La familia importa.
La escuela importa.
El consumo problemático importa.
La posibilidad de acceder rápidamente a tratamiento importa.
Y también importa vivir dentro de una sociedad en la que las personas puedan conservar algo fundamental:
LA ESPERANZA DE QUE MAÑANA PUEDE SER MEJOR.
EL VERDADERO DEBATE
Catamarca ya conoció una generación que salió a las calles detrás de las compañeras de María Soledad para decir basta.
Décadas después, el crimen de Juan Carlos Rojas volvió a colocar frente a la sociedad preguntas dolorosas sobre verdad, investigación e instituciones. La reciente comprobación de que archivos de su computadora oficial fueron borrados después de su muerte hace todavía más indispensable llegar hasta el final. (Telefe Noticias)
Y ahora aparece otra alarma, quizás menos espectacular pero infinitamente más profunda:
SUS JÓVENES SE ESTÁN MURIENDO.
No podemos convertir cada suicidio en una acusación política.
Sería falso y profundamente irresponsable.
Pero tampoco podemos convertir las estadísticas en números sin contexto.
La pregunta que debería reunir al Gobierno, la oposición, la Justicia, universidades, escuelas, profesionales de la salud, iglesias, clubes, organizaciones sociales y familias es mucho más importante:
¿POR QUÉ CATAMARCA TUVO LA TASA MÁS ALTA DEL PAÍS DE SUICIDIO ENTRE ADOLESCENTES DE 15 A 19 AÑOS Y QUÉ VA A HACER PARA QUE NUNCA VUELVA A OCURRIR?
Buscar esa respuesta debería estar por encima de cualquier bandera política.
Porque detrás de cada número hay una vida.
Y cuando una sociedad empieza a perder a sus jóvenes, el silencio deja de ser indiferencia: se convierte en una emergencia colectiva.
LA PLUMA VIRAL




