
Mientras desde Misiones se advierte sobre la mayor violencia del agua y la falta de barreras naturales, el Ministerio de Obras Públicas de Marcelo Nazur prioriza las roscas de campaña por sobre las obras estructurales de contención.
Desde la majestuosidad de las Cataratas del Iguazú, el testimonio del tucumano José María Hervás retumba con la fuerza de un latigazo. El guardaparque e intendente del Parque Nacional Iguazú lanzó una advertencia implacable sobre la violencia creciente de los cauces y la pérdida de contención natural ante las crecidas extraordinarias.

Sin embargo, en Tucumán, el eco de esa alerta parece rebotar contra los despachos de un Ministerio de Obras Públicas más enfocado en los afiches de campaña que en prevenir los desastres que históricamente castigan a la provincia.
La crudeza del diagnóstico ambiental que llega desde el norte contrasta con la pasividad tucumana. Mientras en el Parque Nacional Iguazú se montó un protocolo anticipado para resguardar la infraestructura frente a caudales que alcanzaron diez veces el promedio habitual, Tucumán reincide en la improvisación.
Historial de inundaciones
La provincia arrastra un historial trágico de anegamientos estacionales, canales colapsados, márgenes erosionadas e infraestructuras débiles en localidades vulnerables del interior.
El problema de fondo no es únicamente el cambio climático, sino la inacción estatal. La erosión sistemática de los márgenes y la falta de contención hídrica requieren inversiones continuas, dragado profundo, infraestructura rígida y una planificación seria antes de que caigan los primeros milímetros.
Sin embargo, la agenda de la cartera conducida por el ministro Marcelo Nazur muestra prioridades desencajadas. Con declaraciones públicas dirigidas a posicionamientos electorales y disputas parlamentarias, la gestión parece discurrir entre discursos de proyección política mientras los expedientes de infraestructura hídrica urgente avanzan a ritmo cansino.

Las advertencias ambientales no dan margen para el cálculo proselitista. Cuando la naturaleza golpea con cauces desbordados, la falta de previsión no se resuelve con spots ni promesas de gestión.
Tucumán necesita que su Ministerio de Obras Públicas baje de los escenarios de campaña, abandone las especulaciones de la rosca política y vuelque los recursos en la contención real de los ríos y canales antes de que la violencia del agua vuelva a cobrarse un costo devastador.



