
Luiz Inácio Lula da Silva protagonizó una remontada histórica en Brasil. Tras quedar segundo el 4 de octubre, con 45,16%, este domingo se impuso con 51,79% de los votos y le dio vuelta la elección a Flávio Bolsonaro en un hecho inédito en la historia del país.
Los votos de la remontada salieron de tres lugares
Entre una vuelta y otra, Lula sumó 10,4 millones de votos y el senador del PL, 3,7 millones. Según Luis Costa y Asociados, esos 14,1 millones tienen tres orígenes. El más importante son los 9,3 millones que en primera vuelta habían ido a otros candidatos. Después vienen 1,8 millones de votos que dejaron de ser blancos o nulos y 3 millones de personas más que fueron a votar.
En este sentido, la participación pasó de 78,9% a 80,8%.
El mapa no cambió: se corrió

La consultora midió la correlación entre el voto municipal de Lula en cada elección.
Donde le fue bien bien, le siguió yendo bien. Por región, el petista repitió su resultado de 2022 en el Nordeste (69,4%) y en el Centro-Oeste (40%). Mejoró en el Sudeste (47,2%) y en el Norte (50%) y retrocedió en el Sur (37,4%).
Lula creció en territorio de Flávio, y en 2022 había pasado lo contrario contra Jair
LC&A agrupó los municipios según el margen de la primera vuelta y midió cuántos votos sumó cada candidato cada 100 electores.
Lula agregó entre 5 y 8 en todos los grupos, incluidos los 1.210 municipios donde Flávio había ganado por más de 30 puntos.
En cambio, el senador del PL sumó alrededor de 3 en sus propias zonas y casi nada en las de su rival: 0,6 cada 100 electores en los bastiones petistas.
En 2022 la dinámica había sido la inversa, con Jair Bolsonaro sumando más que Lula en cada segmento. Este domingo, en el reparto entre los dos, el petista avanzó 3,6 y 3,7 puntos donde el senador le sacaba más de 15. En sus zonas más fuertes, donde ya rozaba el techo, avanzó apenas 1,4.

213 municipios que Flávio Bolsonaro había ganado en primera vuelta quedaron para Lula, con 10,9 millones de electores en total.
El más grande es la ciudad de Río de Janeiro, el distrito del propio senador, donde Lula pasó de 43,9% a 51,5%.
Lo siguen Osasco, en la Grande São Paulo, Ananindeua (Pará), Macapá (Amapá), São Vicente y Ribeirão das Neves, en la periferia de Belo Horizonte.
El camino inverso lo hizo un solo municipio: Uirapuru, en Goiás, con 3.080 electores.
La batalla se definió en el Centro-Sur y en las grandes ciudades

El mayor avance de Lula se concentró en el estado de São Paulo, el sur de Minas Gerais, el Triângulo Mineiro, Río y Goiás.
Ahí estaban los votantes de los candidatos que quedaron afuera y ahí era más fuerte el bolsonarismo.
En el interior del Nordeste, con Lula ya por encima del 70%, el mapa casi no se movió.
La ciudad de São Paulo le aportó 812 mil votos nuevos, Río 374 mil y Salvador 209 mil. Flávio tuvo sus mejores subas en Goiânia, Curitiba, Londrina, Maringá, Blumenau y Joinville, pero aun ahí Lula lo igualó o lo superó. En Goiânia, por ejemplo, el petista sumó 77.538 votos contra 71.673.
El senador consiguió más votos nuevos que el presidente en apenas 339 municipios, donde vive el 1,9% del electorado.
La participación la capitalizó Lula
La concurrencia creció en 4.440 de los 5.571 municipios. Según la consultora, donde la participación subió más de 3 puntos, Lula sumó entre 8 y 9 votos cada 100 electores y Flávio, entre 2 y 3. Bahía y Pernambuco encabezaron la suba.
En el Norte fue al revés: la participación cayó 8 puntos en Amapá, 6 en Roraima y 5,7 en Acre, y allí Flávio perdió votos. LC&A advierte que es un dato sobre territorios y no sobre personas. No prueba que los nuevos votantes hayan elegido a Lula, muestra que los lugares donde más gente volvió a las urnas fueron los que más se inclinaron hacia él.
«No hay que vender la piel del oso antes de cazarlo», publicó el politólogo Ignacio Labaqui en su cuenta de X a propósito del resultado en el balotaje brasileño.
Lula logró algo que a la luz de todos los análisis parecía imposible. Pero en donde la aritmética es escueta, aparece la política para hacer lo suyo.
Hecho el milagro, Lula da Silva tendrá 4 años más al frente de Brasil con un Congreso más hostil, un sistema político más corrido a la derecha y la mirada atenta de Donald Trump.



