
Promesas de campaña y planes millonarios no evitan que miles de familias vulnerables vuelvan a perderlo todo ante la llegada de cada tormenta.
Hace más de veinte años, las imágenes del interior de Tucumán tapado por el agua daban la vuelta al país. Dos décadas después, la situación no cambia. A pesar del salto tecnológico, los avances de la ingeniería civil y los constantes presupuestos multimillonarios ejecutados en obras de infraestructura, la provincia parece detenida en un bucle trágico: cada inicio de la temporada de lluvias vuelve a castigar con crudeza a los sectores más desprotegidos.

Los nombres pasan, las inundaciones se quedan
Las gestiones políticas y los nombres propios al frente del Poder Ejecutivo han cambiado, pero la respuesta oficial ante la emergencia hídrica se mantiene inalterable. El denominado «Plan Pre Lluvia», coordinado por el ministro de Obras Públicas, Marcelo Nazur, y el ministro del Interior, Darío Monteros, bajo la conducción del gobernador Osvaldo Jaldo, vuelve a exhibirse como la gran solución preventiva. Sin embargo, en el territorio la realidad muestra un escenario opuesto: dragados insuficientes, canales inconclusos y defensas que ceden ante los primeros desbordes de los ríos del sur y del este provincial.
La inacción técnica y política de los organismos encargados de la prevención hídrica deja expuestos los flancos débiles de una gestión que prefiere reaccionar con asistencia posterior —repartiendo colchones y agua mineral— antes que concretar obras estructurales definitivas. La falta de mantenimiento preventivo continuo durante los meses secos convierte a los anuncios oficiales en paliativos de coyuntura que no resuelven la vulnerabilidad de las poblaciones rurales e interurbanas.

«Las inundaciones en Tucumán no son una catástrofe impredecible de la naturaleza; son el resultado directo de décadas de desidia, falta de planificación técnica y prioridades presupuestarias equivocadas.»
Con los antecedentes acumulados año tras año, la pasividad de los funcionarios responsables de las carteras de Infraestructura e Interior genera indignación en las comunidades que vuelven a quedar aisladas.
En un contexto donde la tecnología permite modelar cuencas hídricas y anticipar alertas con precisión, Tucumán continúa pagando el costo de un sistema político que aborda las inundaciones como una fatalidad estacional y no como una deuda pendiente de hace 20 años.



