El doble juego de Jaldo: la falsa oposición y el Congreso libertario.

La reciente decisión de la legisladora y presidenta del bloque Independencia, Gladys Medina, de acompañar y estampar su firma en proyectos impulsados por La Libertad Avanza —como la iniciativa de endurecimiento de penas en materia de seguridad— deja en evidencia un abismo entre el relato discursivo y la realidad parlamentaria.

Con un discurso de supuesta oposición y promesas de justicia social, la diputada tucumana del bloque Independencia avala sin titubeos las iniciativas del oficialismo nacional. Mientras tanto, la jugada del gobernador Osvaldo Jaldo expone una alianza estratégica que «le da la espalda al electorado tucumano».

La política tucumana vuelve a quedar en medio de contradicciones que rozan el escándalo institucional. La reciente decisión de la legisladora y presidenta del bloque Independencia, Gladys Medina, de acompañar y estampar su firma en proyectos impulsados por La Libertad Avanza —como la iniciativa de endurecimiento de penas en materia de seguridad— deja en evidencia un abismo entre el relato discursivo y la realidad parlamentaria.

Años atrás, desde los estrados del peronismo local, se prometía «cortar la melena al león» y levantar las banderas históricas de la justicia social. Sin embargo, en los hechos, la bancada que responde incondicionalmente al gobernador Osvaldo Jaldo opera como un engranaje clave y funcional al esquema nacional. «Jaldo es Milei», repiten por lo bajo en los pasillos legislativos, donde los representantes del oficialismo provincial parecen haber olvidado que el mandato popular que los llevó a sus bancas exigía la defensa de los sectores más vulnerables y no la validación sistemática de la agenda libertaria.

El doble juego de la lealtad

El comportamiento de Medina no es una excepción, sino la regla de un bloque que maneja una ambigüedad ya conocida. Mientras hacia afuera se intenta mantener una fachada de distancia crítica con la Casa Rosada, a la hora de votar en el Congreso de la Nación las manos se levantan alineadas con las prioridades del oficialismo nacional.
Esta sintonía entre la gestión provincial y el gobierno central es una estrategia donde los legisladores tucumanos funcionan, en los hechos, como una extensión de la administración libertaria. Los votos que ingresan disciplinadamente para respaldar cada iniciativa oficialista contradicen de manera frontal los compromisos asumidos en campaña.

La traición a la bandera de la justicia social

El electorado tucumano acudió a las urnas con una premisa clara: consolidar un modelo basado en la equidad, la protección de los derechos laborales y la justicia social. Sin embargo, la dirigencia política parece haber optado por el pragmatismo de la supervivencia de gestión por sobre la coherencia ideológica.

Acompañar proyectos de «mano dura» o convalidar el rumbo económico y político de La Libertad Avanza no hace más que profundizar el desencanto de una ciudadanía que ve cómo sus representantes vacían de contenido las consignas que los llevaron al poder.

La distancia entre el discurso de barricada y la realidad de los recintos legislativos se ha convertido en una ofensa directa a los tucumanos que creyeron en una alternativa opositora firme.

Hasta cuándo se sostendrá esta farsa discursiva, donde se finge resistencia en los medios mientras se garantiza la gobernabilidad del oficialismo nacional en cada votación clave.