
El sacerdote de La Florida fue hallado sin vida el 5 de octubre de 2016 tras enfrentar al narcotráfico. A una década del trágico hecho, su legado sigue vivo en el este tucumano.
A diez años de aquel trágico 5 de octubre de 2016, la figura del padre Juan Viroche sigue presente en la memoria colectiva de Tucumán. Párroco de Nuestra Señora del Valle en La Florida, su labor pastoral trascendió los muros de la iglesia para convertirse en un valiente grito contra el avance de las drogas y el narcomenudeo en la región este de la provincia.
Una voz incómoda contra el narcomenudeo
Durante su ministerio, Viroche no se calló ante una problemática que comenzaba a fracturar a las familias y a la juventud local. Desde el altar y en los medios, denunció abiertamente las redes de adicciones y la complicidad de las mafias locales. Esa postura frontal lo convirtió en el blanco de constantes intimidaciones. Días antes de su fallecimiento, el propio sacerdote había manifestado a su entorno su temor y el asedio que sufrían tanto él como su familia debido a sus denuncias públicas.
Entre la hipótesis judicial y el pedido de justicia
El hallazgo del cuerpo del sacerdote en la parroquia conmocionó al país entero. Mientras que la investigación oficial de la Justicia se inclinó fuertemente hacia la hipótesis del suicidio, la reacción de la comunidad fue inmediata y contundente. Familiares, amigos y vecinos de La Florida rechazaron esa versión desde el primer día y sostuvieron con firmeza que se trató de un crimen mafioso vinculado directamente a sus investigaciones y denuncias contra el narcotráfico.
Legado que no se apaga
A una década de su partida, las preguntas siguen abiertas y el pedido de verdad continúa vigente en cada rincón del este tucumano. El padre Juan Viroche se transformó en un símbolo de la lucha social contra la impunidad, recordando que el costo de alzar la voz por los más vulnerables dejó una huella imborrable en la historia de Tucumán.



