Carne vacuna argentina: hasta 128% más cara que el cerdo.

Pasamos de ser la opción del asado de fin de semana a estar todos los días en la mesa de los argentinos.

De 5 a más de 20 kilos por habitante en dos décadas: cómo la diferencia de precios convirtió al cerdo en una opción de todos los días.

La brecha de precios entre la carne vacuna y la de cerdo se extendió en el mes de septiembre, posicionando a esta última como una alternativa más accesible e igual de nutritiva. «Pasamos de ser la opción del asado de fin de semana a estar todos los días en la mesa de los argentinos», señaló un representante del sector porcino.

La carne vacuna quedó afuera de la mesa argentina.

De acuerdo con el relevamiento mensual de precios realizado por la Federación Porcina Argentina (FPA), los cortes vacunos son un 128% más caros en carnicerías y un 95% en hipermercados respecto de las piezas de cerdo.

En los comercios de barrio, la diferencia de precios permite comprar hasta 2,8 kilos de pechito de cerdo por cada kilo de asado vacuno, dado que el corte bovino promedia los $23.000 por kilo frente a los $8.200 del porcino.

Carne de cerdo vs. carne de vaca: precios de los cortes

En el caso de los cortes más populares, destinados a milanesas, la nalga vacuna cotiza a $25.000 por kilo, mientras que la versión porcina se ubica en $10.000, lo que representa una brecha del 150% favorable al consumidor.

La mayor diferencia del mercado se registra en los cortes premium: el lomo vacuno trepa a $35.000 por kilo frente a los $12.000 del solomillo de cerdo, marcando una disparidad del 192%.

En las grandes cadenas de supermercados, la diferencia promedio en estos cortes alcanza el 95%, destacándose opciones como el carré de cerdo a $7.600 frente a los $17.500 del bife angosto vacuno.

Ante este escenario, Agustín Seijas, director ejecutivo de la Federación Porcina Argentina, analizó la evolución del sector para un diario argentino: «Ya desde hace varios años la producción porcina viene atravesando un proceso de mejora continua que le ha permitido aumentar la productividad.

Esto se dio principalmente en los avances que se dieron en la genética, como también en la incorporación de tecnología aplicada, que permiten que las toneladas producidas año a año continúen en aumento. Esto se ve reflejado en el aumento exponencial del consumo de carne de cerdo que pasó hace 20 años de 5 kilos por habitante al año a más de 20 kilos en la actualidad».

Este repunte tiene su contracara con el desplome del consumo de la carne de vaca. De acuerdo con el informe mensual de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (CICCRA), el consumo per cápita de carne vacuna se ubicó en 46,3 kilos anuales en julio, lo que representa una caída del 9,4% interanual (un recorte de 4,8 kilos por habitante en apenas 12 meses).

En tanto, los productores de carne de cerdo también deben enfrentarse a la competitividad del mercado externo y el impacto de los productos importados: «Actualmente los productos porcinos importados representan un 7% de la producción local y un porcentaje de ellos se destina a la venta de carne congelada y otro porcentaje para la producción de chacinados.

Para analizar el impacto de las importaciones, tenemos que prestar atención a los cortes y el volumen importado. Por ejemplo, en el caso de la bondiola, que es un producto que se importa en grandes cantidades de Brasil, en nuestro país es un corte muy valorado, mientras que en Brasil es prácticamente de descarte, con lo cual al adquirirla a un valor inferior lo que genera es un impacto en la comercialización, es decir, cuando la bondiola argentina tiene que competir con la bondiola brasilera, tiene que bajar sus precios y esa baja de precios la terminan absorbiendo el resto de los cortes que son más económicos y bueno, de esta forma se pierde competitividad».

Por otro lado, Seijas destacó la posición predominante de las carnicerías barriales como principales canales de venta: «Aproximadamente el 80% de la comercialización de las carnes se da a través de las carnicerías».

Carne de cerdo: la alternativa accesible para llevar proteínas a la mesa

Asimismo, un estudio nutricional elaborado por el INTI Carnes a pedido de la FPA analizó cinco cortes frescos de alto consumo y confirmó la presencia de opciones magras, con un aporte proteico excepcional y grasas cardiosaludables.

Sobre el cambio en los hábitos alimentarios de la población, Seijas sostuvo: «El panorama es alentador, porque este cambio en los hábitos de consumo nos abre una oportunidad muy grande, que es que pasamos de ser la opción del asado de fin de semana a estar todos los días en la mesa de los argentinos. Y esto permite que se aprovechen al máximo todos los cortes de cerdo, porque hoy vemos que las carnicerías venden muchísimas milanesas, carne picada, hamburguesas de cerdo, y esta tendencia que se viene sosteniendo en el último tiempo habla de una proteína de gran calidad, y de un sector que tiene mucho potencial de crecimiento en el mediano plazo. Y esto va a generar nuevos puestos de trabajo e inversiones en nuestro país».

Por último, el titular de la entidad analizó el viraje de los argentinos este año hacia la carne de cerdo: «En un principio entró en la mesa de los argentinos a través de la parrilla, luego se consolidó por precio y en la actualidad se está dando un cambio en el consumo. Ahora también se elige a la carne de cerdo por calidad y este es un factor fundamental para consolidar esta tendencia en el consumo, sostenerla e incrementarla en los próximos años».