El costoso abrazo en el Hipódromo de Tucumán.

Le ganaron a Bettina Julieta Angeletti es la esposa de Manuel Adorni.

En el Hipódromo de Tucumán parece haber una nueva prioridad: la puesta en escena. Mientras los trabajadores hacen malabares para llegar a fin de mes, puertas adentro crece el despliegue de coaching, gestos de compañerismo y una comunicación que parece diseñada para mostrar que toda marcha de maravillas.

La postal resulta difícil de digerir. De un lado, trabajadores que hacen malabares para sobrevivir; del otro, decisiones que involucran cifras millonarias destinadas a comunicación y mejorar el compañerismo.

El “coach” puede terminar costando mucho más de lo que realmente se dicta: entre discursos, asesoramientos y estrategias de comunicación, la pregunta inevitable es cuánto se paga por contenido propio y cuánto por repetir fórmulas ajenas. La comparación ya circula: ¿hay ideas originales o una copia fiel del estilo de Bettina Angeletti, la mujer de Manuel Adorni? Una sospecha que, en tiempos de redes y marketing político, merece algo más que likes: merece explicaciones.

La llegada de las nuevas autoridades, impulsadas políticamente por Darío Monteros, abrió una etapa que genera más de una pregunta entre los trabajadores.

¿La prioridad es resolver los problemas estructurales del Hipódromo o construir una imagen de gestión?

El episodio del “coach” terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de esta nueva etapa. Para algunos trabajadores, se estaría poniendo demasiado énfasis en las formas, las fotografías y los mensajes motivacionales, mientras los problemas concretos siguen esperando respuestas.

La escena resulta difícil de ignorar: empleados preocupados por sus ingresos, por el costo de vida y por cómo llegar a fin de mes, mientras desde arriba se busca instalar una suerte de clima de armonía permanente.

Y entonces aparece el “abrazo de compañerismo”, presentado como una muestra de unidad. Pero cabe preguntarse: ¿puede un abrazo solucionar los problemas de quienes trabajan todos los días y no llegan a cubrir sus necesidades básicas?

Enorme entusiasmo de los trabajadores, ser parte de un circo.

La política de la imagen parece ganar terreno.

Sonrisas, abrazos, coaching y gestos cuidadosamente preparados pueden servir para una fotografía, pero no reemplazan salarios dignos, condiciones laborales adecuadas ni respuestas concretas.

El Hipódromo estarían aprendiendo las “mañas” y los recursos del nuevo manual de la política que se observa en sectores del oficialismo libertario, donde la estética, las redes sociales y la construcción de una imagen pública tienen un peso central.

La comparación con Manuel Adorni y Bettina Julieta Angeletti forma parte de las críticas que circulan, aunque cualquier semejanza debería ser evaluada por los hechos y no solamente por las formas.

Porque el verdadero desafío para las autoridades del Hipódromo no debería ser fabricar una postal de compañerismo.

El verdadero desafío es que quienes trabajan allí puedan llegar a fin de mes sin tener que hacer malabares.

Mientras tanto, el coaching puede esperar. El abrazo puede esperar. La foto también.

Los trabajadores, en cambio, no pueden esperar.

¿Cuánto cuesta el relato y quién termina pagando la fiesta?