Educación en crisis: escuche la verdad, ministra Susana Montaldo

Sueldos magros, más de 100 escuelas sin clases por las inundaciones, reducción presupuestaria, grietas edilicias, abandono, pérdida de calidad educativa y pedido de interpelación. Estos son solo algunos de los síntomas de un sistema en terapia intensiva que la ministra Susana Montaldo pretende esquivar con sonrisas y deslindes de responsabilidad.

La aritmética del abandono: el costo de no invertir

La desinversión en Tucumán no es una sensación, es una decisión política. En 2016, la educación representaba el 31% del presupuesto anual; para 2024, esa cifra cayó al 28%, y para el ejercicio 2025 se desplomó al 23%. En menos de una década, la educación tucumana perdió 8 puntos de su presupuesto real (datos oficiales de https://www.mecontuc.gob.ar/).

La no inversión en infraestructura no es un problema de mantenimiento: es violencia institucional. El mensaje simbólico que el Gobierno envía a nuestros niños es: «La escuela no importa». Si un alumno pasa seis horas al día entre paredes descascaradas, ratas, basura y baños indignos, termina convencido de que su futuro no es una prioridad. Este contexto es el caldo de cultivo ideal para la deserción subjetiva: el chico está en el aula, pero su mente ya abandonó el sistema.

Con datos de 2024, el panorama es desolador: solo 3 de cada 10 niños de 3 años están escolarizados, y apenas 7 de cada 100 terminan la escuela en tiempo y forma en Tucumán. Esta cifra es alarmante incluso frente a la media nacional, donde solo 13 de cada 100 logran concluir sus estudios en los tiempos estipulados.

Docentes agotados, salarios insuficientes

Los docentes, mientras tanto, resisten en la trinchera.

Son el lazo más fuerte con la comunidad; los primeros en detectar cuando una panza suena de hambre o cuando la violencia golpea en casa. Sin embargo, su realidad económica es de subsistencia: el salario inicial de un docente de grado con jornada simple es de $970.000, mientras que la canasta básica en Tucumán para una familia tipo supera los $1.235.000. Con una caída salarial del 40% desde 2016, no es extraño que el 50% de nuestros educadores tengan más de un empleo o deban emprender para llegar a fin de mes.

A tres cuadras del poder, a un siglo y medio del futuro

Las Escuelas Normales, fundadas bajo el impulso de Sarmiento a finales del siglo XIX, fueron la piedra angular de la Argentina moderna. Profesionalizaron la docencia, unificaron la identidad nacional bajo el guardapolvo blanco y permitieron a las mujeres el acceso masivo a la formación intelectual.

Hoy, esas comunidades educativas sobreviven a los embates de turno. Resistieron en los 90 y en Tucumán en 2007. La particularidad de este 2026 es que, 19 años después, esta provincia tiene a la misma ministra. El gobernador Osvaldo Jaldo parece haber reciclado no solo nombres, sino métodos de la era alperovichista.

En 2007, Montaldo intentó atacar la unidad académica de la Escuela Normal. Este año, bajo la excusa de una «reconversión», atenta contra el patrimonio intangible: los cargos docentes y la fortaleza de su carga horaria. La comparación es inevitable: en contacto con Mariela Cravero, rectora de la Escuela Normal 32 de Santa Fe, confirmamos que allí desde nación no exigen «reconversiones». ¿Por qué? Porque esa provincia peleó por el reconocimiento nacional de la esencia de sus escuelas normales.

¿Falta de recursos o falta de voluntad?

¿Podría la ministra Montaldo defender la esencia de la Normal en el Consejo Federal de Educación? Si existiera voluntad política de cuidar a este faro de la cultura tucumana, la respuesta sería un rotundo sí. Pero estamos ante un escenario de slogans e improvisación.

Mientras Córdoba proyecta un Plan de Desarrollo Educativo 2024-2027 con proyecciones a 2033 basado en consultas abiertas y metas claras en alfabetización, idiomas y tecnología, Tucumán se hunde en la desidia.

Si esto ocurre en la Normal, a tres cuadras de la Casa de Gobierno, y en la ESEA, frente a la faraónica Legislatura:

¿qué está pasando en las escuelas del interior profundo? ¿Qué sucede en la periferia? ¿Por qué temen padres, docentes y alumnos denunciar?

Las respuestas empezarán a aparecer con el correr de los días, impulsadas por el coraje de las comunidades educativas que, una vez más, deciden no callar.