El fracaso millonario de Vargas Aignasse en el ENOHSA.

Sergio "la burra" Mansilla junto a Gerónimo Vargas Aignasse.

La gestión del agua en Tucumán no es solo un desafío técnico de cañerías y diques; es fundamentalmente, un reflejo de las desigualdades territoriales y las idas y vueltas de la política. En este escenario de carencias, la figura de Gerónimo Vargas Aignasse, como principal referente del ENOHSA en la región, queda señalada como el último responsable de la parálisis hídrica en la provincia.

La máscara de oro: Promesas millonarias y obras fantasmas. El Gobierno Nacional comunico el cierre de ENHOSA.

Bajo la gestión de Vargas Aignasse en el Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (organismo recientemente disuelto y calificado como «antro de corrupción» (por el gobierno nacional), se multiplicaron los anuncios de inversiones astronómicas que nunca se tradujeron en mejoras tangibles para la población.

Reunión con la Cámara de la Construcción el Presidente Jorge Garber quien también construyó el Complejo Carcelario Benjamín Paz.

El funcionario anunció con gran despliegue el financiamiento de obras por más de $6.000 millones para Tucumán, destinadas supuestamente a mejorar la red de agua y saneamiento.

Al final de su paso por el organismo, debió dar explicaciones sobre el destino de otros $1.400 millones ante la falta de avances en las obras de la Sociedad de Aguas del Tucumán (SAT) y la omisión de proyectos que contaban con presupuesto disponible.

Traza y expropiaciones para el Acueducto de Vipos: Monumento a la incertidumbre.

El caso del Acueducto de Vipos es el ejemplo más actual de esta inoperancia. Concebido para optimizar el servicio en San Miguel de Tucumán, Tapia y Villa Carmela con una inversión superior a los $152.930 millones, la obra sigue sin adjudicarse formalmente tras procesos licitatorios inconclusos entre 2023 y 2025. Mientras tanto, miles de tucumanos permanecen en vilo por la burocracia de una gestión que se diluyó en trámites.

¿Hacia dónde fluye el agua? En Tucumán, el agua parece fluir «en la dirección del poder».

Mientras la administración del recurso siga atrapada en lógicas de anuncios mediáticos y políticos inoperantes, la deuda con los sectores excluidos —especialmente en las periferias y asentamientos informales— seguirá creciendo.

La gestión actual deja un legado de promesas millonarias, grifos secos y números que escandalizan, utilizando el acceso al agua más como una herramienta de propaganda que como una cuestión de justicia social.