Germán, el mas “barat” de los García Hamilton.

Hoy Germán García Hamilton, pautero del gobierno provincial, es un peón en el tablero del poder que mueve sus fichas para dirimir sus disputas en Tucumán.

El apellido García Hamilton es un apellido ilustre de Tucumán, de gran renombre y con una extensa trayectoria en el ámbito local periodístico. “García Hamilton”, como apellido y hasta como gentilicio, es sinónimo de periodismo, y de medios de comunicación en Tucumán.

Desde la fundación de La Gaceta, en 1912, con Alberto García Hamilton a la cabeza de la creación del centenario diario, hasta la aparición del Diario Siglo XXI, en 1990 con Eduardo García Hamilton como miembro fundador, la tradición periodística de los García Hamilton le dio un status honorífico a una familia que hoy atestigua la debacle de su prestigio en la pluma de Germán , el más “barat” de los García Hamiltón.

El término “barat”, propiedad intelectual de Alexander Caniggia, tiene varias acepciones.

El término caniggístico deriva de «barato», y es utilizado por para describir a “personas envidiosas, criticonas o de mala calidad”. También “Indica una actitud negativa, baja calidad o falta de estilo, a menudo aplicado a programas de televisión o personas, y no se limita solo al precio”. Alex Caniggia, lo utiliza para referirse a gente envidiosa, «mediocre», “que critica sin mirarse a sí misma”, el concepto encaja a la perfección con la figura de Germán García Hamilton.

Salvo durante la dictadura, los García Hamilton han sido siempre críticos de los gobiernos de turno.

Fundamentalmente han expresado su oposición a los gobiernos vinculados al Partido Justicialista. Hoy Germán García Hamilton, pautero del gobierno provincial, es un peón en el tablero del poder que mueve sus fichas para dirimir sus disputas en Tucumán.

Lejos del prestigio familiar vinculado a la tradición empresarial y periodística, Germán García Hamilton materializa la decepción familiar y se expone como un operador ensobrado que toma bando en la interna peronista.

Lejos de indignarse por las problemáticas que aquejan a la provincia, García Hamilton hoy baila la música de Casa de Gobierno, exhibiendo sin pudor los banners digitales que muestran el patrocinio oficialista en la web de El Federalista, un medio digital que hoy opera desde los centros del poder y que recientemente se ocupó de salir a defender a la cúpula de la burocracia judicial, la Corte Suprema de Justicia de la Provincia, en su cruzada contra el juez Benjamín Moisá.

En definitiva, la histórica pluma que alguna vez supo erigir un imperio de la comunicación hoy yace rebajada a la triste función de un megáfono rentado.

Germán no solo rifa el prestigio de sus antepasados a cambio del favor oficial, sino que condena al apellido García Hamilton a ser recordado, ya no por su independencia o su agudeza editorial, sino por su obsecuencia.

Al final del día, el contraste es insalvable: mientras los próceres de su linaje dejaron un legado de valor incalculable para Tucumán, el eslabón más «barat» de la familia pasará a la historia como un simple operador que decidió cambiar la gloria del buen periodismo por el aplauso efímero, y bien pago, del poder de turno.